Mientras Calderón habla de democracia, su estatua termina decapitada en Los Pinos
Este miércoles, Felipe Calderón Hinojosa volvió al escenario político para hablar de democracia y libertad. El expresidente participó en el Foro América Libre, un encuentro que reunió en la Ciudad de México a representantes y figuras vinculadas con la derecha latinoamericana de distintos países.
Pero mientras Calderón hablaba ante sus simpatizantes políticos sobre el rumbo de México y la defensa de las instituciones, otro grupo recordaba una de las decisiones más controversiales de su administración.
Extrabajadores de Luz y Fuerza del Centro marcharon por Paseo de la Reforma para protestar contra el exmandatario, a quien responsabilizan políticamente por la extinción de la empresa pública decretada en octubre de 2009. La movilización posteriormente llegó al Centro Cultural Los Pinos.
Ahí, la protesta tomó otra dimensión. Los manifestantes se dirigieron hacia la estatua de bronce de Calderón, que permanecía en el suelo desde julio de 2025, y a golpes desprendieron la cabeza de la figura y retiraron la placa que identificaba al expresidente y su periodo de gobierno, de 2006 a 2012.
La imagen resulta difícil de ignorar: en un mismo día, Calderón reivindicaba su presencia política en un foro internacional y, en otro punto de la ciudad, un grupo de antiguos trabajadores convertía su estatua en el símbolo de un reclamo que lleva casi 17 años.
La extinción de Luz y Fuerza del Centro no es un episodio menor para quienes perdieron su empleo tras aquella decisión. Por eso, la protesta de este miércoles muestra que algunas de las decisiones tomadas durante el sexenio de Calderón continúan siendo motivo de conflicto y memoria política para sectores específicos.
Y quizá ahí está lo más llamativo de esta jornada: Calderón buscaba hablar del presente y del futuro de la democracia, mientras sus opositores lo obligaban a mirar hacia una decisión de su pasado. La estatua ya estaba en el suelo; este miércoles, los manifestantes se encargaron de quitarle también el rostro y la placa que la identificaban.
Más que una coincidencia, las dos escenas muestran cómo el legado de un expresidente puede tener lecturas completamente distintas dependiendo de quién lo recuerde.

