Maratón de la Ciudad de México: aquí no gana quien corre más rápido. Gana quien administra mejor el oxígeno
El XLIII Maratón de la Ciudad de México no se parece a los grandes maratones diseñados para romper récords. Sus 42.195 kilómetros se corren a aproximadamente 2,240 metros sobre el nivel del mar, entre cambios de ritmo, puentes y largas rectas que castigan cualquier exceso cometido al inicio. El domingo 30 de agosto, 30 mil corredores no competirán solamente contra el cronómetro: también lo harán contra la altura, la fatiga y una ruta que guarda sus mayores dificultades para cuando las piernas comienzan a quedarse sin combustible.
La primera trampa aparece desde la salida en Ciudad Universitaria. El ambiente, la adrenalina y el descenso general hacia el centro pueden hacer que los primeros kilómetros se sientan demasiado fáciles. Para un corredor recreativo, atravesar Insurgentes, Roma y Condesa más rápido de lo planeado puede convertirse en una deuda que se cobra después del kilómetro 30. Ahí aparece uno de los puntos más exigentes del recorrido: el puente de Ejército Nacional, justo cuando suelen disminuir las reservas de glucógeno y comienza el llamado “muro” del maratón. En términos deportivos, la carrera empieza en CU, pero suele decidirse después de Polanco.
Los ritmos que exige un récord en la altura
La mejor marca masculina pertenece al boliviano Héctor Garibay, quien terminó en 2:08:23 en 2023. Eso representa un ritmo promedio de aproximadamente 3 minutos y 3 segundos por kilómetro, una velocidad de 19.7 km/h sostenida durante más de dos horas. Si corriera con absoluta regularidad, tendría que pasar cada 5 kilómetros en cerca de 15 minutos con 13 segundos y el medio maratón en alrededor de 1:04:12. Garibay, además, superó por más de dos minutos el récord anterior de Titus Ekiru.
La marca femenina que deberá perseguirse es de 2:25:04, impuesta por la etíope Amane Beriso en 2022. Equivale a correr cada kilómetro en aproximadamente 3 minutos y 26 segundos, pasar los 5 kilómetros en 17:11 y sostener una velocidad cercana a 17.5 km/h. La dimensión de ambos registros se entiende mejor al compararlos con el límite de seis horas de la competencia: quien utilice todo el tiempo disponible avanzará a 8:32 por kilómetro. Entre el récord masculino y el cierre oficial existe una diferencia superior a cinco minutos por cada kilómetro.
Una estación cada 2.5 kilómetros, pero no todas ofrecen lo mismo
La organización contempla 16 puntos de abastecimiento alternados: agua en los kilómetros 2.5, 7.5, 12.5, 17.5, 22.5, 27.5, 32.5 y 37.5, y bebida isotónica en los kilómetros 5, 10, 15, 20, 25, 30, 35 y 40. Esto significa que ningún corredor debería recorrer más de 2.5 kilómetros sin encontrar líquido, pero también exige anticipación: quien necesite electrolitos debe reconocer que no estarán en todos los puestos. A ritmo de récord masculino, cada abastecimiento aparece aproximadamente cada siete minutos y medio; para un corredor de cinco horas, cada 17 o 18 minutos.
Otro dato revela la dificultad de la ruta: en 2025, el etíope Tadu Abate ganó con 2:11:17, casi tres minutos por encima del récord de Garibay, pese a ser un tiempo extraordinario. La altura hace que las referencias obtenidas en carreras al nivel del mar no puedan trasladarse automáticamente a la CDMX. Por eso, intentar un récord personal exige más atención al esfuerzo percibido, la respiración y la frecuencia cardiaca que al ritmo instantáneo marcado por el reloj.
La batalla mexicana también tendrá premio
La competencia ofrecerá 50 mil dólares a los ganadores absolutos y un bono de 550 mil pesos para quien rompa el récord histórico. Además, el primer mexicano o mexicana que termine dentro del podio general podrá recibir un bono de 200 mil pesos. El reto nacional no es menor: Darío Castro fue el último mexicano que ganó la rama masculina, en 2021, con 2:14:51; en la femenil, la última campeona mexicana fue Karina Pérez, en 2010, con 2:39:42.
La lectura deportiva de este maratón será sencilla: hay que observar quién resiste el entusiasmo inicial, quién se hidrata sin perder contacto con el grupo y quién todavía conserva piernas al salir de Polanco. El Ángel y Reforma ofrecerán las imágenes más espectaculares, pero probablemente no decidirán al ganador. La carrera se resolverá cuando la respiración se vuelva más corta, el ritmo deje de parecer cómodo y cada corredor descubra cuánto le queda después del kilómetro 30. En la CDMX, el maratón no premia al primero que acelera: premia al último que desacelera.

