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Hundimiento en CDMX: cuánto se hunde tu alcaldía y por qué el suelo no deja de bajar

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Hundimiento en CDMX: cuánto se hunde tu alcaldía y por qué el suelo no deja de bajar

Escultura dorada del Ángel de la Independencia contra el cielo de la Ciudad de México

En algunas calles del oriente basta mirar con atención para notarlo: una banqueta que se parte en dos niveles, una casa que se inclina apenas hacia la de junto, un portal donde la puerta ya no cierra como antes. Nadie siente que el piso baje bajo sus pies, pero la Ciudad de México lleva más de un siglo hundiéndose. Es uno de esos fenómenos que se esconden a plena vista, porque ocurre a una velocidad demasiado lenta para el ojo y demasiado rápida para la ingeniería. Entenderlo ayuda a leer las grietas del barrio de otra manera.

El Instituto de Geofísica de la UNAM, a través de su Servicio de Geodesia Satelital, ha medido el fenómeno con una red de más de 100 estaciones de monitoreo, según publicó su GacetaGeo en mayo de 2026. El mismo texto recuerda que la ciudad se hunde desde hace más de 120 años. No es una crisis repentina, sino un proceso acumulado que se volvió parte del paisaje urbano. Lo que cambia es la escala: hoy los satélites permiten ver con precisión de milímetros qué colonias bajan más rápido.

Las alcaldías que más se hunden

Las cifras de la UNAM dibujan un mapa claro hacia el oriente y el sur. Tláhuac registra hasta 273 milímetros de hundimiento por año, Iztapalapa hasta 258 y Xochimilco hasta 224, de acuerdo con la GacetaGeo del Instituto de Geofísica. Les siguen Venustiano Carranza, con 201 milímetros anuales; Iztacalco, con 177, y Gustavo A. Madero, con 173. En otras palabras, hay zonas de la capital que pierden más de un palmo de altura cada año, un ritmo que pocas ciudades del mundo conocen.

Puesto en perspectiva cotidiana, 273 milímetros equivalen a poco más de 27 centímetros, algo así como un escalón y medio de una escalera doméstica. Si ese ritmo se mantuviera sin cambios durante una década, la diferencia acumulada superaría los dos metros y medio, una cuenta sencilla que ayuda a dimensionar el problema. El hundimiento, sin embargo, no es uniforme: varía de una zona a otra según el tipo de suelo y la cercanía a los pozos de extracción. Esa desigualdad entre puntos cercanos es justo la que rompe banquetas, tuberías y muros.

Fuera de los límites capitalinos, en la zona metropolitana, los números son todavía más altos. La misma fuente reporta hasta 423 milímetros anuales en Ciudad Nezahualcóyotl y 307 en Valle de Chalco, ambos en el Estado de México. Estos datos no corresponden a la Ciudad de México, pero muestran que el fenómeno no respeta fronteras administrativas: sigue la forma del antiguo lecho lacustre. Donde hubo agua, hoy hay arcilla blanda que se compacta.

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Lo que ven los satélites

La vista desde el espacio confirma el diagnóstico. La misión NISAR, desarrollada por Estados Unidos e India, detectó zonas del área metropolitana que se hundieron más de 2 centímetros por mes entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026, en plena temporada seca, según informó el Jet Propulsion Laboratory de la NASA en abril de 2026. El mismo comunicado recuerda que, en las décadas de 1990 y 2000, partes de la zona metropolitana llegaron a bajar unos 35 centímetros por año. La tecnología cambió, pero la tendencia de fondo sigue ahí.

Por qué la ciudad se hunde: el agua que sacamos del subsuelo

La explicación científica es directa: la extracción intensiva de agua subterránea. Cuando se bombea el acuífero, las capas de arcilla que lo rodean pierden presión y se compactan, y el acuífero pierde porosidad de manera permanente, explica el Instituto de Geofísica. Eso significa que el suelo no solo baja, sino que también reduce su capacidad natural de almacenar agua. La ciudad, en cierto modo, se come su propia reserva al mismo tiempo que se hunde.

La dependencia del subsuelo es enorme. Un texto de UNAM Global de 2021 señala que alrededor del 70% del agua potable de la ciudad proviene de pozos. Esa cifra ayuda a entender por qué el problema no se resuelve con una obra aislada: cada vaso de agua de la llave tiene, detrás, una parte de esta historia. Por eso las iniciativas para captar lluvia y recargar el acuífero han ganado peso en la conversación pública, como contamos en Cosecha de lluvia en CDMX: el agua que la ciudad aprende a guardar en casa.

La historia larga del fenómeno también está documentada. Según el estudio difundido por UNAM Global, basado en 115 años de nivelaciones y 24 años de datos GPS, el hundimiento era de unos 8 centímetros por año a inicios del siglo XX y llegó a 29 centímetros anuales en 1958. En el Centro Histórico, en las últimas dos décadas analizadas, se registraron tasas de hasta 40 centímetros por año. El mismo trabajo proyecta una compresión de 30% de las arcillas en unos 150 años, de la cual un 17% ya habría ocurrido.

Cómo se vive el hundimiento en la calle

El símbolo más famoso está en Reforma. Al pie del Ángel de la Independencia, inaugurado en 1910, se han agregado 14 escalones conforme el terreno a su alrededor descendía, de acuerdo con el comunicado de la NASA. El mismo texto recuerda que un ingeniero documentó el problema por primera vez en 1925. La columna no creció: fue la ciudad la que bajó a su alrededor, y los escalones son la huella visible de ese movimiento.

En los barrios, el hundimiento tiene una cara menos monumental. El Instituto de Geofísica advierte que el fenómeno provoca grietas superficiales y daños en viviendas, vialidades e infraestructura urbana. UNAM Global, por su parte, señala que la mayoría de las fisuras se concentra en zonas de bajos ingresos, lo que convierte un proceso geológico en un tema de desigualdad. Para muchas familias del oriente, una grieta en la pared no es una curiosidad científica, sino una preocupación cotidiana sobre su patrimonio.

La calle también lo resiente de formas menos evidentes. Cuando un tramo baja más que el de al lado, el pavimento se ondula, las coladeras quedan desniveladas y los tubos de drenaje pierden la pendiente que necesitan para desaguar. Por eso el hundimiento se entrelaza con otros problemas que los vecinos conocen bien, como los encharcamientos, las fugas y el desgaste de las redes subterráneas. Mirar el suelo con atención es, también, una manera de entender por qué la ciudad necesita mantenimiento constante.

No hay soluciones rápidas, y los propios especialistas lo reconocen. El investigador Enrique Cabral Cano, del Instituto de Geofísica, lo resume así: “Las estrategias de mitigación para los procesos de subsidencia son complejas”. Reducir la extracción, diversificar las fuentes de agua y vigilar con precisión las zonas críticas son parte de la conversación técnica. Mientras tanto, la ciudad sigue escribiendo su historia en milímetros, en cada escalón nuevo y en cada banqueta que se desnivela.

Foto: zaylard / Pexels. Imagen ilustrativa del Ángel de la Independencia.

Fuentes: Instituto de Geofísica UNAM (GacetaGeo): Hundimientos en la CDMX alcanzan 42 cm por año; UNAM Global: La Ciudad de México se está hundiendo a un ritmo alarmante; NASA JPL: US-Indian Space Mission Maps Extreme Subsidence in Mexico City. Consultadas el 1 de noviembre de 2026.

Redacción CDMX Al Día

Equipo editorial de CDMX Al Día, medio digital especializado en noticias, actualidad, cultura, movilidad, servicios y acontecimientos de la Ciudad de México y sus 16 alcaldías.

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