Central de Abasto da empleo a migrantes de ocho países por encima de mexicanos
En la Central de Abasto de la Ciudad de México, entre puestos, mercancías y jornadas que comienzan temprano, cientos de personas migrantes han encontrado una forma de ganarse la vida. El lugar se ha convertido en un refugio laboral para quienes llegaron al país buscando una oportunidad, en un contexto en el que el Inegi reportó un aumento de 7.2% en la población extranjera de la capital entre 2020 y 2025. Entre quienes más han llegado están ciudadanos de Cuba, Colombia, Venezuela, Canadá y Honduras, principalmente por motivos laborales.
No existe un censo sobre cuántos extranjeros trabajan en la Central de Abasto, pero estimaciones de grupos de comerciantes señalan que podrían ser hasta 5 mil. La mayoría, según estas estimaciones, no cuenta con documentos que acrediten su estancia legal en México. Hay migrantes de Haití, Venezuela, Honduras, Cuba, Guatemala, Colombia, Ecuador y República Dominicana, quienes realizan labores de mostrador, ventas, carga, traslado, empaque, limpieza, cocina, mantenimiento y reparación. Para algunos, como Walkison, de 19 años y originario de Haití, el mercado se convirtió en una alternativa para subsistir desde que llegó a México hace siete meses.
Las historias se repiten con distintos acentos. Minerva, también de Haití, encontró en la Central una oportunidad de trabajo sin que su origen fuera un impedimento, mientras María Inés, venezolana, llegó por recomendación de otros compatriotas y asegura que ha encontrado posibilidades incluso sin contar con documentos. Los comerciantes también dicen haber encontrado en ellos una fuerza laboral que permanece durante más tiempo en los empleos. Ramiro Enciso, empresario de la Central, señala que tiene 143 trabajadores migrantes y sostiene que acuden diariamente y realizan labores que, según su experiencia, cada vez menos trabajadores mexicanos quieren desempeñar.
Para quienes trabajan ahí, la Central de Abasto representa algo más que un empleo temporal: es una posibilidad de construir una vida en la ciudad. Algunos comerciantes rechazan que los migrantes estén desplazando a trabajadores mexicanos y aseguran que han encontrado una forma digna de subsistir. Otros destacan sus ganas de salir adelante y la confianza que han ganado entre los vendedores. Para algunos, incluso, la idea ya no es continuar el camino hacia Estados Unidos, sino quedarse en México: Very Javatis, migrante haitiano, cuenta que aquí encontró trabajo y que incluso piensa casarse algún día. Entre mercancías y jornadas de trabajo, la Central se ha convertido para ellos en un punto de llegada, pero también en un lugar donde empezar de nuevo.

