Microbuses en CDMX: la despedida lenta del pesero que movió a la ciudad

Foto: David Gracia / Pexels (ilustrativa)

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Antes de que abra el Metro, en muchas avenidas de la Ciudad de México ya se escucha el motor del micro. La puerta se abre sin que la unidad termine de frenar, el chofer cobra con una mano mientras con la otra sostiene el volante y el pasaje se acomoda como puede entre tubos y asientos gastados. Para millones de capitalinos, el pesero ha sido durante décadas el primer y el último tramo del día, el que conecta la colonia con la estación o el paradero. Ese paisaje, tan propio de la ciudad como el puesto de tamales, está entrando en una despedida que el gobierno capitalino ya puso en calendario.

La meta: sacar de circulación unos 2,500 microbuses

El 19 de febrero de 2026, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, arrancó un programa de chatarrización con una meta clara: sustituir alrededor de 2 mil 500 microbuses concesionados antes de 2030, según reportaron Crónica y Chilango. Se trata de unidades que, de acuerdo con Chilango, tienen entre 20 y 30 años de servicio. Para alcanzar el objetivo, la propia mandataria planteó un ritmo de entre 500 y 600 sustituciones por año. Es, en los hechos, el intento más explícito de cerrar la era del microbús como columna del transporte concesionado.

El programa tiene un componente de dinero que explica su ritmo. Para 2026 se destinaron 535 millones de pesos a bonos de sustitución, con un apoyo promedio de 450 mil pesos por unidad para chatarrizar el micro viejo y comprar un autobús nuevo, cantidad que se duplica a 900 mil pesos si la nueva unidad es eléctrica, de acuerdo con Crónica y Chilango. La lógica es que el concesionario no cargue solo con el costo del cambio. Para un transportista que vive de la cuenta diaria, la diferencia entre el diésel y el eléctrico se mide en esos bonos.

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Las cuentas ayudan a dimensionar el reto. Con el bono promedio de 450 mil pesos, el presupuesto de 2026 alcanzaría en teoría para unas 1,190 sustituciones; si todas fueran eléctricas, con 900 mil pesos por unidad, la cifra bajaría a cerca de 590, según un cálculo propio con los datos oficiales difundidos. Chilango añade que, con financiamiento adicional, el apoyo total por unidad eléctrica podría llegar a 1.8 millones de pesos, aunque se trata de un planteamiento y no de una partida aprobada. Entre lo posible en papel y lo que se logra en la calle hay créditos, trámites y concesionarios que deben decidir. Por eso el ritmo anual será la cifra a vigilar.

Lo que ya se fue y lo que viene

La primera etapa de 2026 contempla 220 microbuses, según ambos medios, y ese mismo día se enviaron a la chatarra 28 unidades de las rutas 1 y 22, reportó Chilango. Brugada también afirmó, en palabras recogidas por Chilango, que en 2025 se chatarrizaron 419 microbuses y 299 taxis; Crónica, en cambio, habla de 535 unidades de transporte desincorporadas ese año, una diferencia que podría deberse a que la segunda cifra incluye otro tipo de vehículos. Las cuentas, como el propio pasaje, todavía no cuadran del todo. Lo que sí está claro es que la renovación dejó de ser un plan en papel.

Las rutas que cambian de piel

El cambio se siente primero en rutas concretas. ADN40 detalló en marzo que la Ruta 1 retiraría 32 unidades y la Ruta 22, 87, para un total de 119 microbuses, cifra que coincide con la que Crónica reportó como unidades ya retiradas. Para quienes las usaban a diario, eso significa nuevas paradas, otros tiempos de espera y, en algunos casos, transbordos que antes no existían. La ciudad cambia de piel en tramos, y cada tramo tiene usuarios que aprenden a moverse de nuevo.

En su lugar ya circula otra flota. Según la información de la Secretaría de Movilidad retomada por Crónica y ADN40, en los corredores que dejan los micros operan 18 trolebuses sencillos y 26 articulados, además de 126 autobuses y 16 vagonetas en Xochimilco. Son vehículos más grandes, con paradas definidas y, en el caso del trolebús, sin escape. Para el usuario, la diferencia empieza por algo básico: subir por una puerta amplia y no colgado del estribo.

Una pieza más del sistema

La sustitución de microbuses se suma a una apuesta más amplia por el transporte público de gran capacidad, del Metrobús al trolebús y el Cablebús. Cada línea nueva absorbe viajes que antes resolvían los micros por su cuenta, en recorridos largos y con paradas a demanda. En esa red, el transporte concesionado deja de competir solo en la calle y pasa a alimentar corredores ordenados. Quien lo viva bajo tierra puede compararlo con la experiencia del Metro de la CDMX, la ciudad que se vive bajo tierra.

Lo que se pierde y lo que se gana con el pesero

El microbús fue durante años la respuesta de la ciudad a sí misma: llegaba a donde no llegaba el Metro, paraba donde el usuario levantaba la mano y se adaptaba a colonias que crecieron más rápido que la planeación. Esa flexibilidad tenía un costo en unidades viejas, competencia por el pasaje y paradas improvisadas en cualquier esquina. El nuevo modelo promete orden, pero también exige que las rutas nuevas cubran los huecos que el micro llenaba. Ahí está la prueba más importante del programa.

Para los concesionarios, el cambio también es económico y personal. Los bonos buscan que el dueño de una unidad pueda pasar de la chatarra al autobús nuevo, pero la transición implica créditos, nuevas reglas y, en algunos casos, sumarse a empresas o corredores organizados. En el discurso oficial, el objetivo es un servicio más seguro y menos contaminante; en la calle, la pregunta es cuánto tardará el pasaje en sentir la diferencia. Las cifras de 2026 dirán si el ritmo de 500 a 600 unidades por año se sostiene.

Una cultura que no cabe en la chatarra

Aunque las unidades se vayan, algo del pesero se quedará en la ciudad. Los nombres de las rutas, la manera de pedir la parada y la costumbre de pagar con monedas forman parte del idioma cotidiano de varias generaciones. Las fotos de micros con calcomanías, peluches y luces se han vuelto casi un archivo de la cultura popular capitalina. La chatarrización retira el fierro, pero no la memoria de quienes crecieron viajando en él.

La meta de 2030 está a pocos años y el paisaje ya empieza a cambiar en algunas avenidas. Si el plan se cumple, la próxima generación de capitalinos conocerá el microbús más por las historias que por los trayectos. Mientras tanto, cada mañana todavía hay micros que abren la puerta antes de frenar y pasajeros que suben sin pensarlo dos veces. La ciudad se despide del pesero, pero lo hace como hace casi todo: sin detenerse del todo.

Imagen: Foto de David Gracia / Pexels. Ilustrativa: muestra un autobús de transporte público frente al Monumento a la Revolución, no un microbús.

Fuentes: Crónica: arranca chatarrización de microbuses, prevén sustituir 2 mil 500 unidades hacia 2030; Chilango: microbuses desaparecerán de CDMX en 2030; ADN40: CDMX retira microbuses, rutas y trayectos afectados. Consultadas el 7 de noviembre de 2026.