Murió Cuauhtémoc Cárdenas, precursor de la democracia moderna en México
La vida política de México ha cerrado uno de sus capítulos más significativos con el fallecimiento del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien murió este miércoles 28 de octubre a los 92 años de edad en la Ciudad de México.
La noticia de su deceso provocó una inmediata ola de reacciones de respeto y solidaridad por parte de todo el espectro político nacional, incluyendo un pronunciamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum y del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quienes coincidieron en calificarlo como un pilar fundamental para la apertura democrática del país.
Hijo del legendario general y expresidente Lázaro Cárdenas del Río, Cuauhtémoc Cárdenas llevó siempre consigo el peso de un apellido histórico, pero forjó su propio camino con una trayectoria marcada por la congruencia y la disidencia. Tras haber gobernado el estado de Michoacán bajo las siglas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Cárdenas comprendió que el sistema de partido único estaba agotado, lo que lo llevó a encabezar la Corriente Democrática a finales de los años ochenta y a romper definitivamente con el régimen.
Su participación en la elección presidencial de 1988 representó un parteaguas definitivo para el México contemporáneo. Al frente del Frente Democrático Nacional, Cárdenas protagonizó la jornada electoral más cuestionada de la historia del país, marcada por la célebre “caída del sistema” que dio el triunfo a Carlos Salinas de Gortari.
Pese al reclamo social y la indignación generalizada, el ingeniero optó por la vía pacífica e institucional para canalizar el descontento, evitando un estallido violento que parecía inminente.
Capitalizando esa fuerza social, en 1989 fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), fuerza política que aglutinó a las distintas corrientes de la izquierda mexicana y que sirvió como la principal plataforma de oposición durante las décadas siguientes.
Aunque compitió por la presidencia de la República en tres ocasiones (1988, 1994 y 2000) sin lograr llegar a Palacio Nacional, su persistencia debilitó el monopolio del PRI y allanó el terreno para la alternancia política en el país.
Su gran triunfo en las urnas llegó en 1997, cuando se convirtió en el primer Jefe de Gobierno electo de la Ciudad de México, un cargo histórico que consolidó a la capital como el bastión de la izquierda y el progresismo mexicano.
Durante su administración, Cárdenas demostró que la oposición era capaz de gobernar la urbe más grande del país con un enfoque social, sentando las bases de políticas públicas que perduran hasta el día de hoy.
En sus últimos años, alejado de la militancia partidista tras renunciar al PRD en 2014, Cárdenas se consolidó como una figura de autoridad moral indiscutible, manteniendo una postura crítica pero respetuosa ante los gobiernos en turno.
Hasta sus últimos días se desempeñó como presidente honorario de la Comisión Consultiva del Petróleo de Pemex, defendiendo la soberanía energética que su padre impulsó, y dejando un legado invaluable como el arquitecto de la transición democrática en México.


