El salario mínimo recupera terreno en CDMX, pero todavía no alcanza el poder de compra de hace 50 años
Han pasado cinco décadas desde que el salario mínimo en México alcanzó su mayor poder adquisitivo. Después vinieron años de deterioro que redujeron considerablemente lo que una persona podía comprar con su sueldo. Hoy, aunque la recuperación salarial ha sido importante, todavía existe una distancia respecto de aquel máximo histórico.
Así lo reconoce el proyecto del Plan General de Desarrollo de la Ciudad de México 2025–2045, que identifica el rezago salarial como uno de los desafíos para garantizar condiciones de trabajo dignas.
¿Cuánto falta para recuperar el poder adquisitivo de 1976?
En 2026, el salario mínimo general aumentó 13%, hasta llegar a 315.04 pesos diarios, equivalentes a 9,582.47 pesos mensuales.
El proyecto del Plan capitalino calcula que el salario mínimo de 1976 equivaldría actualmente a entre 322 y 342 pesos diarios. Bajo esa estimación, todavía existe una diferencia de entre 7 y 27 pesos diarios respecto del monto vigente.
La comparación no significa que los salarios hayan disminuido continuamente durante 50 años. Después de décadas de pérdida de poder adquisitivo, los incrementos aplicados desde 2018 han permitido una recuperación considerable, aunque todavía insuficiente para alcanzar el máximo histórico.
Vivir en CDMX: el salario frente a los gastos cotidianos
La distancia entre el ingreso y los gastos adquiere otra dimensión en la capital. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024 del INEGI, las familias de la Ciudad de México registraron un gasto monetario promedio de 22,128 pesos mensuales, el más alto entre las entidades del país.
De ese presupuesto, los hogares destinaron en promedio alrededor de 8,130 pesos mensuales a alimentos, bebidas y tabaco, 3,482 pesos a transporte y comunicaciones y 2,639 pesos a vivienda y servicios.
Estas cifras no representan lo que necesita gastar cada familia, pero permiten dimensionar el peso que tienen las necesidades cotidianas en la economía doméstica. Y explican por qué una recuperación salarial, aunque significativa, no necesariamente se traduce en mayor tranquilidad financiera.
El reto no termina con los aumentos salariales
El propio Plan reconoce otros problemas pendientes: informalidad laboral, jornadas prolongadas y falta de prestaciones. A ello se suma que no todos los salarios crecen al mismo ritmo que el mínimo.
La recuperación del poder adquisitivo es un avance, pero también plantea una pregunta que alcanza a trabajadores de distintos niveles de ingreso: ¿cuánto deben mejorar los salarios para que vivir en la Ciudad de México deje de significar una presión constante sobre el presupuesto familiar?


