CDMX y Endhó: décadas de aguas residuales detrás de una crisis ambiental y sanitaria en Hidalgo
La necesidad urbana de la CDMX más la descarga de residuos industriales
Durante décadas, la Ciudad de México ha necesitado sacar de su territorio millones de litros de aguas residuales. Desde la década de 1970, parte de ese flujo comenzó a dirigirse hacia Hidalgo, hasta llegar al sistema del río Tula y finalmente a la presa Endhó. Más de 20 comunidades quedaron así en el camino de las aguas provenientes de una de las mayores concentraciones urbanas del país.
A ese caudal se sumaron las descargas de un corredor industrial con más de 100 fábricas y una refinería de petróleo. La planta de tratamiento de Atotonilco procesa alrededor de 60% de las aguas residuales de la Ciudad de México antes de que entren al sistema del río Tula, pero Endhó continuó recibiendo durante décadas una combinación de aguas residuales, descargas industriales y escurrimientos. El resultado fue una transformación profunda del territorio que hoy, según el relator especial de Naciones Unidas sobre sustancias tóxicas y derechos humanos, forma parte de las antiguas “zonas de sacrificio” de México.
La solución de una ciudad terminó convirtiéndose en el problema de otra región
Para la capital, sacar las aguas residuales ha sido una necesidad urbana; para las comunidades alrededor de Endhó, recibirlas significó convivir durante generaciones con sus consecuencias. El agua cargada de nutrientes incluso permitió que la agricultura prosperara, al funcionar como una especie de riego y fertilizante gratuito. Pero el exceso de materia orgánica agotó el oxígeno del embalse y prácticamente desapareció la vida acuática.
En 2024, el problema ambiental adquirió otra dimensión con la expansión del lirio acuático, que según estimaciones gubernamentales citadas por The New York Times llegó a multiplicar más de 27 veces su tamaño inicial en pocos meses. La vegetación favoreció además una enorme proliferación de mosquitos. Al caer la tarde, habitantes de las comunidades se encierran en sus casas; algunas familias queman cartón para ahuyentarlos y otras llegan a comprar hasta tres latas de insecticida por semana. En una escuela cercana, los niños se mueven constantemente para espantarlos y algunas familias han cancelado reuniones y fiestas por los enjambres.
Siete pozos para beber y una contaminación que llega al agua potable
La dependencia de la Ciudad de México también aparece debajo de la tierra. Después de que comenzaron a llegar los desechos, las comunidades perforaron siete pozos para conseguir agua potable. Durante casi dos décadas, estudios gubernamentales han encontrado contaminación en esas fuentes.
Informes de la Comisión Nacional del Agua revisados por la investigación de Emiliano Rodríguez Mega para The New York Times, publicada el 17 de septiembre de 2026, registraron arsénico, mercurio y plomo, además de nitratos en niveles tóxicos, bacterias fecales, solventes industriales y subproductos de la industria petroquímica.
Un estudio técnico de 2024 encontró una huella química y molecular coincidente entre el agua de Endhó y el suministro de los pozos, y concluyó que contaminantes de la presa se habían filtrado hacia el agua potable. Mayela Godínez, funcionaria de la autoridad del agua, cuestionó esa investigación y sostuvo que técnicos de la comisión le habían asegurado que el agua de los pozos tenía buena calidad.
Una enfermedad que se repite, pero que todavía no puede atribuirse a Endhó
En General Pedro María Anaya, Yury Uribe, activista de 45 años y ex costurera, comenzó a documentar por su cuenta los casos de cáncer que conocía entre sus vecinos. Su registro suma 42 muertes relacionadas con cáncer, 15 sobrevivientes y seis casos activos, concentrados en unas pocas manzanas. Su recuento forma parte de la investigación del Times, pero no constituye por sí mismo un estudio epidemiológico.
Las estadísticas regionales muestran otras señales. En Tula de Allende, las tasas de mortalidad por cáncer han superado el promedio nacional todos los años desde 2016 y en algunos momentos han sido más de 50% superiores. En el vecino Tepetitlán, la mortalidad por insuficiencia renal y enfermedades del tracto urinario ha llegado a duplicar el promedio nacional. Sin embargo, no existen datos de salud pública específicos de las comunidades que rodean la presa. Un censo realizado por brigadas estatales y federales en 2024 no se ha hecho público y faltan estudios que permitan establecer científicamente una relación causal entre la contaminación y las enfermedades.
Leticia: vivir con la enfermedad y con la duda
El caso de Leticia Sánchez González, de 48 años, resume esa incertidumbre. Habitante de Santa Ana Ahuehuepan, comenzó con inflamación y dolor en el seno derecho. Primero fue tratada como si tuviera una infección, pero en junio nuevos estudios confirmaron un cáncer de mama. Su tratamiento contempla seis ciclos de quimioterapia y posteriormente una mastectomía.
Para ella, la enfermedad no aparece aislada: observa que otros vecinos también han enfermado. Esa percepción coincide con los registros comunitarios y con algunas estadísticas municipales, pero todavía no puede convertirse en una conclusión científica. La pregunta que permanece abierta es precisamente cuánto de esta carga sanitaria puede estar relacionado con décadas de exposición ambiental y cuánto corresponde a otros factores.
La remediación de Endhó y la deuda de la ciudad que envía sus aguas
En 2024, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador firmó un decreto para emprender acciones de remediación ambiental en Endhó. Las autoridades han fumigado 27 comunidades y retirado una cantidad de lirio acuático equivalente a 42 piscinas olímpicas. Sin embargo, el programa no contempla acciones específicas de salud pública y sus críticos cuestionan que dependa de presupuestos públicos existentes.
También existe una tensión compleja de abordar, pues los agricultores de la región utilizan las aguas residuales porque sus nutrientes ayudan a producir cultivos. Limpiar completamente el agua significaría modificar una práctica agrícola que se desarrolló precisamente alrededor de ese sistema de desechos.
CDMX, en el origen de una historia que todavía no termina
Endhó no puede entenderse sin mirar hacia la Ciudad de México. Durante más de medio siglo, el crecimiento de la capital generó una necesidad permanente de desalojar sus aguas residuales; parte de esa carga terminó en una región rural que aprendió a vivir con ella, aprovecharla para la agricultura y, al mismo tiempo, enfrentar sus consecuencias ambientales.
La investigación de The New York Times pone nuevamente esa relación sobre la mesa: una ciudad de más de 20 millones de habitantes puede resolver dentro de su territorio una parte de sus necesidades de saneamiento, mientras los efectos ambientales se acumulan aguas abajo.
La crisis de Endhó, sin embargo, no puede reducirse a una sola causa ni permite afirmar que la contaminación sea responsable del cáncer sin estudios epidemiológicos. Lo que sí está documentado es el recorrido de las aguas, la contaminación de fuentes de abastecimiento, el deterioro ambiental y una población que lleva décadas esperando respuestas sobre el costo sanitario de recibir los residuos de una de las ciudades más grandes del país.

