La Calzada de Tlalpan guarda memorias de diversas personas y poblaciones. Su historia se remonta a la antigua Tenochtitlan y ahora parte de ese pasado comienza a aparecer en sus muros. El corredor artístico del Jardín Flotante Tlallipan reunió a unos 25 artistas para intervenir fachadas con 21 murales realizados mediante técnicas como mosaico impreso y esgrafiado, en un recorrido que busca cambiar la manera en que habitantes y visitantes miran esta avenida.
La propuesta, impulsada por la curadora Paola Paz Yee, recupera historias y conflictos que han marcado a la ciudad: las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales, las costureras que murieron durante el terremoto de 1985, la guerra sucia, la migración y la resistencia social. Las obras se encuentran en distintos puntos entre San Antonio Abad y la estación Viaducto del Metro, y la mayoría puede observarse desde el Jardín Flotante Tlallipan. Para construirlas también se contó con un comité de historiadores, antropólogos y arqueólogos que trabajó sobre ejes como el pasado lacustre de la urbe, la migración y los cambios provocados por los movimientos telúricos.
Pero antes de que los colores ocuparan las fachadas hubo algo menos visible: conversaciones. Vecinos, autoridades y artistas participaron en un proceso para definir qué podía contar cada espacio. Algunos habitantes aceptaron las propuestas originales, otros pidieron modificaciones y algunos decidieron quedar fuera. Para Paz Yee, ese diálogo es parte del proyecto, pues la intención fue generar acuerdos entre quienes habitan, crean y transforman la ciudad, en lugar de imponer una obra desde arriba.
Uno de los murales fue realizado por Xóchitl Rivera en San Antonio Abad 239, donde la presencia de una escuela de enfermería inspiró una pieza dedicada a la historia de las mujeres en el cuidado de la salud. El mural mide 10 metros de alto por 29 de largo y reúne imágenes de parteras, chamanas, trabajadoras de la salud, adelitas e integrantes de la Cruz Blanca, además de referencias a los códices Mendoza, Florentino y Badiano y a los sismos de 1985. Más adelante, en el Gran Hotel Amazonas, Rivera aborda las historias de las trabajadoras sexuales de la zona en una pieza de 22 por 23.5 metros que recupera la figura de las ahuianimeh y las historias de vida de unas 20 mujeres que la artista entrevistó.
Los murales tienen previsto quedar terminados en octubre y entonces se realizará una presentación final del proyecto. Mientras tanto, las fachadas comienzan a convertirse en algo más que superficies de edificios: son un recorrido por distintas épocas, oficios, luchas y formas de resistencia. En una de las avenidas más antiguas de la ciudad, la historia ahora también puede leerse a plena vista, entre el paso cotidiano de los vecinos y los colores de quienes decidieron convertir a Tlalpan en un gran lienzo.