La Ciudad de México se consolidó una vez más como el epicentro global de la tradición y el misticismo con la celebración de la décima edición del Gran Desfile de Día de Muertos. Desde las primeras horas de este sábado 31 de octubre, miles de capitalinos y turistas nacionales e internacionales abarrotaron las principales arterias de la metrópoli. El asfalto de Paseo de la Reforma, teñido del icónico color naranja de las flores de cempasúchil, se transformó en el escenario idóneo para un reencuentro masivo entre el mundo de los vivos y el recuerdo de los que ya partieron.
El monumental contingente inició su avance en punto de las 14:00 horas desde la Puerta de los Leones, abriéndose paso entre aplausos, música folclórica y un ambiente de profunda algarabía. Más de 4,000 participantes, entre bailarines, músicos y voluntarios caracterizados como vistosas catrinas y calaveras, dieron vida a una coreografía itinerante que cautivó a los espectadores. El despliegue visual incluyó 12 carros alegóricos meticulosamente decorados y, por primera vez, dos globos monumentales que flotaron sobre los rascacielos de la avenida más emblemática del país.
Este año, el diseño conceptual del desfile rindió un emotivo tributo a las grandes leyendas que han moldeado la identidad cultural de México. Los carros alegóricos y las comparsas evocaron con maestría los legados del célebre cantautor Juan Gabriel, el misticismo literario de Juan Rulfo y la época de oro del cine nacional representada por Emilio “El Indio” Fernández. Asimismo, la historia prehispánica tuvo un papel protagónico con un impresionante homenaje a la Reina Roja de Palenque, fusionando el pasado ancestral con las expresiones artísticas contemporáneas.
La logística del evento desafió la movilidad de la capital, provocando el cierre total de avenidas clave como Juárez y 5 de Mayo, así como modificaciones operativas en cuatro líneas estratégicas del sistema Metrobús. A pesar de las complicaciones viales y los desvíos obligatorios, la ciudadanía demostró una notable civilidad, inundando las calles alternativas y las estaciones de Metro permitidas para asegurar su lugar en el recorrido, el cual transcurrió con saldo blanco gracias a un robusto despliegue de seguridad y protección civil.
El clímax de la jornada se vivió alrededor de las 19:00 horas, cuando la vanguardia del desfile hizo su entrada triunfal a una Plaza de la Constitución completamente abarrotada. En el corazón del Zócalo, los contingentes fueron recibidos por una majestuosa catrina monumental de más de 33 metros de altura, la cual custodia la Ofrenda Monumental de este año. Con este cierre espectacular, la Ciudad de México no solo honró la memoria de sus antepasados, sino que reafirmó la vigencia de una festividad que es considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.