La Concordia, Iztapalapa, un año después: la tarde en que las llamas cambiaron decenas de vidas

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La memoria de una ciudad se estremece en ciertas fechas que impactaron a millones. A un año de la explosión de una pipa de gas LP en el Puente de La Concordia, la enorme columna de fuego, los vehículos envueltos en llamas y las personas corriendo para escapar permanecen entre los recuerdos más dolorosos de la capital. Ocurrió en una zona estratégica del oriente de la Ciudad de México, en los límites con el Estado de México y cerca de Santa Martha, cuando una pipa que transportaba aproximadamente 49 mil litros de gas LP volcó.

La fuga formó una nube de gas que encontró una fuente de ignición y convirtió la zona en un escenario de caos. Las llamas alcanzaron automóviles, motocicletas y otras unidades, mientras decenas de personas sufrían quemaduras y eran trasladadas de emergencia a hospitales de la capital y del Estado de México. El saldo fue creciendo con los días: de cuatro personas fallecidas y 90 lesionadas reportadas la noche del 10 de septiembre, pasó a 15 muertos una semana después y, para finales de ese mes, a 32 víctimas mortales, mientras otras personas permanecían hospitalizadas por la gravedad de sus lesiones.

Detrás de aquella cifra quedaron historias que hicieron todavía más cercana la tragedia. Una de esas historias fue la de Alicia Matías, quien protegió con su cuerpo a su nieta durante el incendio y sufrió graves quemaduras. Para muchas familias, la emergencia no terminó cuando las llamas fueron controladas, pues continuó en hospitales, terapias intensivas, tratamientos especializados y funerarias, mientras algunas víctimas fallecían días después por las complicaciones de sus heridas.

Las primeras versiones de lo sucedido plantearon dudas sobre las condiciones de la vialidad, el estado mecánico de la unidad y la velocidad a la que circulaba. Posteriormente, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México descartó que los baches o daños en el pavimento hubieran provocado el accidente y señaló que tampoco se encontraron fallas mecánicas que explicaran la pérdida de control. Los peritajes apuntaron a que el conductor perdió el control al tomar una curva rumbo a la autopista México-Puebla; la unidad impactó contra un objeto sólido, se dañó el tanque y comenzó la fuga que terminó provocando la explosión.

La investigación abrió la puerta a posibles responsabilidades por homicidio culposo, lesiones culposas y daños a la propiedad, mientras la empresa propietaria de la unidad manifestó disposición para colaborar con las autoridades y participar en mecanismos de reparación para las víctimas. Pero más allá del expediente, la tragedia dejó una discusión sobre el riesgo de transportar grandes cantidades de materiales peligrosos por zonas urbanas densamente pobladas y atravesadas diariamente por miles de personas.

Un año después, La Concordia sigue siendo sinónimo de una tarde que el oriente de la Ciudad de México no olvida. El fuego se apagó, pero quedaron 32 vidas perdidas, personas que sobrevivieron con lesiones graves y familias obligadas a reconstruirse después de aquella tarde. La imagen de una columna de fuego cubriendo el cielo permanece como memoria y como advertencia sobre el riesgo de transportar materiales peligrosos.