Simón Vargas Aguilar©
En la Ciudad de México la escasez de medicinas ya no es una simple situación que se haya salido de control por unos meses, el problema ha durado demasiado tiempo, tiempo que no tienen las personas que se enfrentan a graves enfermedades y que dependen de medicamentos que el gobierno niega o distribuye muy tarde.
Tristemente, nuestro país está en una situación crítica en cuanto al sector salud, el desabasto, la falta de actualización de un catálogo de medicinas, la escasez de personal, la alta incidencia de enfermedades crónicas, el escaso acceso a servicios de salud, las deficiencias en infraestructura, e incluso la poca empatía y profesionalismo en algunos médicos, enfermeras y personal administrativo, entre otras situaciones han sido una problemática persistente que ha afectado a millones de ciudadanos.
El sector público tiene, al mismo tiempo, falta de infraestructura digna, escasez crónica de medicamentos e insumos, y plantillas incompletas de médicos, enfermeras y personal especializado. Quirófanos que no se utilizan por falta de materiales, equipos que ya cumplieron su vida útil y turnos que se sostienen con escaso personal, que en muchas ocasiones termina doblando turnos por un mal salario; la atención irregular agrava la vulnerabilidad de las familias que no tienen seguro privado o ahorros para enfrentarse a una enfermedad que dura meses.
La crisis se vuelve más dolorosa cuando las noticias continúan llegando día con día, por ejemplo, en junio pasado la Secretaría de Salud federal investigó el hallazgo de 18.4 millones de piezas de medicamentos e insumos médicos caducos vinculados al Hospital Infantil de México Federico Gómez, con un valor superior a los 121 millones de pesos, ¿no se distribuyeron por capricho, negligencia o simple insensibilidad?
Medicamentos indicados para niños con cáncer, cardiopatías y enfermedades raras caducaron en anaqueles mientras las familias recorrían hospitales en busca de ellos. El secretario David Kershenobich confirmó la información y que hay una investigación para establecer por qué se acumularon y quién es responsable, pero el reconocimiento del daño no ayuda en nada, porque hasta este momento la crisis de salud en la Ciudad de México y el país no ha mejorado y probablemente siga sin hacerlo porque no hay castigos severos ni acciones contundentes.
Incluso los propios médicos han comenzado a sumarse a las protestas ciudadanas, porque no piden privilegios piden justicia social, alzan la voz porque solicitan poder ejercer sin improvisar el tratamiento de quien tienen enfrente. En la capital, esas protestas han vuelto a ocupar banquetas y accesos de hospitales porque el desabasto ya no se disimula con un vale o con la promesa de que el embarque llega la próxima semana.
El número de protestas y reclamos contra la escasez de fármacos, especialmente para tratamientos oncológicos ha ido en aumento desde 2020 cuando la pandemia ocasionada por el COVID-19 y las medidas implementadas, ocasionaron el casi nulo abastecimiento de fármacos oncológicos e insumos médicos principalmente para niñas, niños y adolescentes; situación que a seis años no ha visto mejoras sustanciales.
Durante años se ha dicho que el problema es de compra consolidada, de distribución o del sexenio anterior, el expediente antes mencionado muestra que el desorden atravesó varios ejercicios fiscales, de 2020 a 2024, y que el hallazgo apareció cuando un director pidió inventario.
La Ciudad de México concentra hospitales de “primer nivel” y, por eso mismo, concentra la mayor cantidad de desabasto y de fallas, aquí se atienden pacientes de otras entidades que ya agotaron opciones en su hospital local. La situación es lamentable y preocupante, sobre todo por la incompetencia e indiferencia de algunas instituciones; el gobierno debe asumir su responsabilidad y priorizar la eficiencia sobre los discursos y es que uno de los momentos más complejos a los que nos enfrentamos como seres humanos es la vulnerabilidad a la que nos expone una enfermedad.
Las lecciones con respecto al tema de salud nos han alcanzado de forma repentina y dolorosa; la muerte, el dolor, la impotencia y la tristeza se han apoderado de millones de familias, pero sobre todo, hoy la sociedad en México requiere respuestas y acciones eficaces y contundentes.