Basta caminar diez minutos por un camellón arbolado para notar cómo cambia la ciudad: baja el ruido, el sol deja de pegar de frente y el asfalto se vuelve tierra, hojas y sombra. Esa franja verde, que muchos cruzan sin mirar, es una de las piezas más desiguales del mapa capitalino. En algunas alcaldías el verde está a la vuelta de la esquina; en otras hay que tomar transporte para encontrar un parque. Entender cuánto verde tiene la Ciudad de México, y dónde está, explica buena parte de cómo se vive cada barrio.
Cuánto verde tiene la Ciudad de México
El dato de referencia sale del Inventario de Áreas Verdes de la Secretaría del Medio Ambiente capitalina (Sedema), levantado en 2017 y publicado en 2020: la ciudad suma alrededor de 67.3 kilómetros cuadrados de áreas verdes urbanas. Repartidos entre la población, equivalen a unos 7.54 metros cuadrados por habitante, según el análisis espacial del investigador Juan Manuel Núñez publicado en 2021 en la revista Economía, Sociedad y Territorio. Es una cifra que suena abstracta hasta que se compara con una recámara pequeña: ese es, en promedio, el verde que le toca a cada capitalino.
El mismo estudio recuerda el estándar que suele citarse como meta mínima: nueve metros cuadrados de área verde por habitante en el espacio público, una referencia que el autor atribuye a la Organización Mundial de la Salud a partir de ONU-Hábitat (2015). La capital, en promedio, queda por debajo. Y el punto de partida era más bajo todavía: de acuerdo con el artículo, en el año 2000 el promedio de áreas verdes con manejo era de 5.3 metros cuadrados por persona, más o menos la mitad de esa meta.
Conviene leer el promedio con cuidado. Como explica el reportaje de Corriente Alterna, medio de la UNAM, la definición legal de área verde que usa el inventario es amplia e incluye panteones, vialidades y barrancas. Es decir, no todo ese verde es un parque con bancas y juegos: una parte son taludes, camellones o espacios a los que nadie entra a caminar.
Te puede interesar: El aire de CDMX está mejorando, pero las contingencias no desaparecen: ¿por qué?
Un mapa partido en dos
El promedio esconde una brecha enorme entre alcaldías. Con datos del inventario de Sedema, el estudio de Núñez ubica arriba a Miguel Hidalgo, con 15.4 metros cuadrados por habitante, seguida de Coyoacán (15.0) y Venustiano Carranza (13.6). En el otro extremo están Benito Juárez y Milpa Alta, ambas con 2.2 metros cuadrados por persona, y Cuauhtémoc con 3.6. Iztapalapa, la alcaldía más poblada, registra 5.4.
La concentración se ve todavía más clara desde otro ángulo. La investigadora Cristina Ayala, citada por Corriente Alterna, calcula que 51.4% de las áreas verdes con potencial de uso se concentra en solo tres alcaldías: Miguel Hidalgo, Gustavo A. Madero y Coyoacán. En contraste, Xochimilco, Cuajimalpa y Tláhuac juntas reúnen apenas 6.6%. La paradoja es que algunas de esas demarcaciones del sur y del poniente tienen grandes extensiones de bosque y suelo de conservación, pero no necesariamente parques urbanos cerca de donde vive la gente.
Benito Juárez: buena calificación, poca sombra
El caso de Benito Juárez muestra que el verde no siempre camina junto con otros indicadores urbanos. La Radiografía Chilanga 2024 del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), citada en el mismo reportaje, coloca a Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Coyoacán a la cabeza de su ranking de competitividad, con Tláhuac y Milpa Alta al fondo. Sin embargo, la alcaldía mejor calificada comparte con Milpa Alta el promedio más bajo de verde por habitante. En sus colonias, la sombra depende muchas veces de los árboles de banqueta y de los camellones de las grandes avenidas.
El verde que no se ve: privado, informal y disputado
Otro dato cambia la conversación: alrededor de 60% de las áreas verdes urbanas son privadas o informales y quedan fuera de la gestión pública, de acuerdo con el análisis de Núñez. Jardines de unidades habitacionales, clubes, terrenos baldíos con pasto o patios interiores cuentan en el total, pero no siempre están abiertos a quien vive enfrente. Para un vecino, la cifra que importa no es cuánto verde hay en su alcaldía, sino cuánto puede pisar.
A esa desigualdad se suma la presión de la densidad. Corriente Alterna recuerda que en 2020 la Ciudad de México promediaba 6,163 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en una colonia como Santa Fe la cifra era de 1,767. Donde vive más gente por cuadra, cada parque recibe más visitas, se desgasta más rápido y se vuelve más valioso: es el patio compartido de miles de departamentos sin jardín.
Por eso cada árbol talado o cada camellón convertido en carril genera discusión vecinal. En la ciudad, el verde es infraestructura: da sombra, ayuda a que el suelo absorba agua y ofrece un lugar para estar sin pagar. Cuando falta, la vida de barrio se muda a la plaza comercial o se queda en casa.
Esa disputa también se juega a ras de suelo, en las banquetas donde conviven raíces, postes y peatones, como ya contamos en ¿De quién son las banquetas? Los obstáculos que hacen difícil caminar por la CDMX. Un árbol mal plantado levanta el pavimento; uno bien cuidado convierte una calle cualquiera en ruta preferida para ir al mercado.
Lo que revelan los números
Las cifras disponibles tienen una limitación importante: el inventario de referencia es de 2017, así que no refleja los parques y espacios recuperados en los años recientes. Aun así, dibujan una ciudad donde el acceso al verde depende del código postal, y donde el promedio general esconde barrios con calles arboladas frente a otros donde la sombra más cercana es la de un puente vehicular. Medir de nuevo, con datos públicos y actualizados por colonia, sería el primer paso para saber si esa brecha se está cerrando o no.
Mientras tanto, la próxima vez que un camellón le ofrezca diez minutos de sombra en pleno mediodía, vale la pena recordar que esa franja verde es un privilegio repartido de forma desigual. En la Ciudad de México, la sombra también es una forma de riqueza.