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CDMX: Alternativas de espacios culturales

Opinión

CDMX: Alternativas de espacios culturales

Simón Vargas Aguilar©*

 

Mientras el país debate si la violencia es excepción o norma, mientras los presupuestos se expanden o reducen entre la urgencia de la seguridad y la retórica de la transformación, la capital sigue funcionando como un puerto abierto de la cultura, llegan exposiciones, se instalan obras, se inauguran muestras y el tráfico de ideas no se detiene.

 

No es un milagro ni un programa de gobierno, es el resultado de décadas de trabajo de instituciones, de artistas que no esperan permiso y de espacios que, aun con sus contradicciones, siguen operando como utopías parciales en medio de la ciudad real.

 

El Palacio de Bellas Artes sigue siendo el umbral más visible, no es solo un edificio, es el lugar donde el muralismo mexicano dejó de ser gesto revolucionario y se convirtió en el patrimonio que el Estado administra y celebra. A unos pasos, el Museo Nacional de Arte y el Museo de Arte Moderno mantienen una conversación más discreta con el canon, mientras que el Museo Tamayo y el Jumex han consolidado un circuito contemporáneo que atrae miradas internacionales.

 

La ciudad no carece de oferta, el Museo Soumaya, con su arquitectura espectacular y su colección privada convertida en destino turístico, ilustra otra cara de la ciudad. Ahí la cultura se presenta como generosidad privada en un país donde el Estado ha reducido o reorientado partidas culturales en favor de prioridades políticas más inmediatas.

 

Hay, sin embargo, espacios que merecen reconocimiento por su esfuerzo de acercarse a la población como el Centro Cultural Universitario de la UNAM, con su programación que combina rigor académico y experimentación ya que sigue funcionando como un territorio donde el pensamiento crítico no necesita disfrazarse de espectáculo. Los recintos del INBAL, a pesar de las tensiones presupuestales y de los cambios de dirección que acompañan cada sexenio, mantienen una red de museos y galerías que no se limitan al centro. Incluso lugares más modestos como casas de cultura en alcaldías, talleres comunitarios y foros independientes operan como esfuerzos que merece la pena reconocer.

 

En ese mismo esfuerzo por acercar la cultura y el esparcimiento a las zonas menos favorecidas de la ciudad, merecen reconocimiento las Unidades de Transformación y Organización para la Inclusión y la Armonía Social (UTOPÍAS), impulsadas e implementadas por el gobierno de la Ciudad de México.

 

Estas unidades han buscado materializar, en territorios concretos y a menudo periféricos, la idea de espacios públicos que combinan actividades culturales, deportivas, educativas y de convivencia. Más allá de la retórica oficial que las rodea, su existencia representa un intento de redistribuir oportunidades de acceso a la cultura en lugares donde históricamente han escaseado. No resuelven por sí solas las desigualdades estructurales, pero sí configuran una red de equipamientos que, cuando funcionan con autonomía y cercanía a las comunidades, pueden convertirse en puntos de encuentro y de expresión local. Reconocerlas implica también exigir que su gestión se mantenga abierta, plural y alejada de cualquier uso exclusivamente propagandístico, para que cumplan el propósito de inclusión que les da nombre.

 

La crítica política no puede ignorar el contexto, en una ciudad donde la inseguridad condiciona la vida cotidiana, donde el debate sobre la vivienda y el espacio público se cruza con la especulación y la gentrificación de zonas con alto valor cultural, la existencia de museos y exposiciones es una forma de resistencia, porque la cultura no debería servir para cubrir las fallas de la gestión urbana ni para construir un relato de normalidad que la realidad cotidiana desmiente.

 

La Ciudad de México seguirá siendo un puerto mientras existan quienes se nieguen a reducir la cultura a un eslogan, el desafío político no es inventar nuevos espacios en el papel, sino sostener las que ya operan, abrirlas más allá de los circuitos consolidados y exigir que la gestión cultural rinda cuentas con la misma exigencia que se le pide a cualquier otra política pública.

 

*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política.

Cecilia Garnica

Cecilia Garnica es colaboradora de CDMX Al Día, medio digital dedicado a informar sobre la actualidad, acontecimientos y vida cotidiana de la Ciudad de México y sus 16 alcaldías.

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