83 kilómetros bajo el concreto: CDMX vuelve la mirada hacia los ríos que enterró
La Ciudad de México hizo desaparecer de la vista alrededor de 83 kilómetros de ríos. La Piedad quedó debajo del Viaducto; Churubusco, Consulado y San Joaquín también fueron entubados mientras sobre sus cauces crecían vialidades y una ciudad que buscaba controlar inundaciones, problemas sanitarios y su propia expansión. El dato ha sido documentado por la UNAM.
Décadas después, una iniciativa presentada en el Congreso capitalino propone crear la primera Ley de Ríos y Sistemas Fluviales de la CDMX para identificar, proteger, restaurar y gestionar integralmente los cauces que aún conserva la ciudad. La propuesta no plantea levantar indiscriminadamente el concreto para destapar los antiguos ríos: busca recuperar la función ambiental de los sistemas fluviales que todavía pueden conservarse o rehabilitarse.
La idea tiene antecedentes científicos importantes. Desde hace años, especialistas de la UNAM y la UAM estudian la restauración de ríos urbanos en la capital. El Plan Maestro de los ríos Magdalena y Eslava involucró disciplinas como ingeniería, geografía, arquitectura, ciencias ambientales y manejo del territorio para analizar cómo recuperar estos sistemas de manera integral.
¿Y qué ganaría la ciudad? Las investigaciones sobre restauración fluvial señalan que conservar un río no significa únicamente mantener agua corriendo: implica proteger suelo y vegetación, favorecer la infiltración, recuperar ecosistemas y biodiversidad y mejorar la relación del cauce con el espacio urbano. En el Magdalena, por ejemplo, los trabajos académicos han estudiado su potencial ambiental e hídrico como parte del manejo integral de la cuenca.
No se trata de sustituir drenajes, colectores ni infraestructura hidráulica, sino de complementarlos con sistemas naturales capaces de recibir, retener e infiltrar parte del agua. La iniciativa propone para ello proteger los cauces abiertos y sus zonas de amortiguamiento, además de crear un Inventario de Ríos y Sistemas Fluviales que permita conocer su ubicación, extensión, condiciones ambientales y riesgos.
También plantea coordinar a Medio Ambiente, Gestión del Agua, Protección Civil, Obras, Planeación y las alcaldías. Si se convierte en ley, la ciudad tendría así una herramienta común para decidir qué proteger, dónde restaurar y cómo intervenir cada sistema fluvial.
Pero la experiencia deja una advertencia. Una investigación de la UNAM publicada en 2025 documentó que algunas obras realizadas anteriormente en el Magdalena se apartaron de las recomendaciones del Plan Maestro y provocaron daños ecológicos en el cauce. Recuperar un río, por tanto, no consiste simplemente en intervenirlo: requiere que la obra pública siga criterios científicos y ambientales.
La iniciativa apenas comienza su recorrido legislativo, pero llega después de un septiembre marcado por lluvias intensas y plantea una paradoja difícil de ignorar: una CDMX que batalla para desalojar enormes cantidades de agua también necesita conservar los lugares capaces de recibirla.
Después de décadas de construir para sacar el agua de la ciudad, los ríos vuelven a entrar en la discusión sobre cómo aprender a convivir con ella.

