Una mujer que vive violencia de género puede necesitar mucho más que la atención de la emergencia. Ansiedad, depresión, estrés postraumático o consumo de sustancias pueden requerir un acompañamiento especializado y prolongado. El problema es que esas necesidades no siempre encontraban respuesta en un mismo lugar.
La Ciudad de México busca cerrar esa brecha con la apertura del primer Centro de Atención Especializada en Salud Mental y Consumo de Sustancias Psicoactivas para Mujeres en Situación de Violencia de Género, instalado dentro de la Unidad Territorial Siempre Vivas de Azcapotzalco y operado por el Instituto para la Atención a la Salud Mental y las Adicciones (IASAMA).
El centro cuenta con tres consultorios: dos de psicología y uno de trabajo social y ofrecerá atención gratuita. Las mujeres podrán recibir hasta 40 sesiones, bajo un modelo basado en perspectiva de género, derechos humanos, interculturalidad y reducción de riesgos. Se ubica en avenida 22 de Febrero 421, Barrio de San Marcos, Azcapotzalco, y brinda servicio de lunes a viernes, de 9:00 a 17:00 horas.
La diferencia está en la ruta de atención. El proyecto surgió después de detectar casos de mujeres cuyas emergencias llegaban al C5 o a áreas de toxicología, pero que después requerían servicios especializados para atender simultáneamente las consecuencias de la violencia, la salud mental o el consumo de sustancias. La propia Secretaría de las Mujeres reconoce que los esquemas institucionales aislados tenían límites.
El modelo tampoco parte de cero. Documentos oficiales anteriores ya contemplaban una atención ambulatoria especializada para mujeres víctimas de violencia canalizadas desde las unidades territoriales, incluyendo servicios psicológicos y atención de salud mental con perspectiva de género.
Azcapotzalco será la primera prueba. La intención anunciada por las autoridades es extender posteriormente el modelo a las regiones norte, sur, oriente y poniente de la ciudad, para reducir traslados y hacer más directas las canalizaciones.
La apertura resuelve una parte del problema: ya existe un espacio que reúne servicios que antes podían seguir caminos distintos. La siguiente prueba será saber cuántas mujeres logra atender, cuántas permanecen en tratamiento y si esa nueva ruta evita que se pierdan entre una institución y otra.