Una ciudad a 2,240 metros: ¿ventaja o castigo deportivo?

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Hay algo que los atletas que llegan a la Ciudad de México descubren desde los primeros minutos: el aire se siente diferente.

A 2,240 metros sobre el nivel del mar, la capital mexicana tiene una menor presión atmosférica y disponibilidad de oxígeno que las ciudades ubicadas a nivel del mar. Esto modifica la manera en que el cuerpo responde al ejercicio y puede representar tanto un reto como una ventaja, dependiendo del deporte (Morán Rodríguez, 2026).

Cuando la altura se convierte en un reto:

En deportes de resistencia, como las carreras de larga distancia o actividades que requieren esfuerzos prolongados, la menor disponibilidad de oxígeno puede aumentar la sensación de esfuerzo y acelerar la aparición de fatiga, especialmente en atletas que llegan desde ciudades de menor altitud.

El fútbol también es un ejemplo. Los jugadores necesitan repetir esfuerzos intensos durante largos periodos, por lo que quienes no están acostumbrados a la altura pueden necesitar un periodo de adaptación para responder mejor a las condiciones de la ciudad (Morán Rodríguez, 2026).

La medicina deportiva toma en cuenta estas diferencias. La UNAM ha desarrollado investigaciones con parámetros fisiológicos específicos para personas que viven y entrenan a 2,240 metros, demostrando la importancia de considerar la altitud al evaluar el rendimiento deportivo (Huerta Liceaga, 1991).

Cuando la altura juega a favor:

Pero la historia cambia en disciplinas donde la velocidad y la potencia son protagonistas.

La menor densidad del aire reduce la resistencia que enfrenta un atleta, lo que puede favorecer determinadas pruebas de velocidad y saltos.

El ejemplo más famoso ocurrió durante los Juegos Olímpicos de México 1968, cuando Bob Beamon saltó 8.90 metros en salto de longitud. La altitud de la Ciudad de México y la menor resistencia del aire fueron factores que favorecieron las condiciones de aquella marca, que permaneció como récord mundial durante casi 23 años (World Athletics, 2018).

Entonces, ¿ventaja o castigo?

La respuesta depende del deporte, del tipo de esfuerzo y de la adaptación del atleta.

Para las disciplinas de resistencia, los 2,240 metros pueden representar un desafío, especialmente para quienes llegan desde el nivel del mar. Para algunas pruebas de velocidad y saltos, en cambio, la menor resistencia del aire puede convertirse en una ventaja.

La Ciudad de México no cambia las reglas del deporte, pero sí modifica el escenario en el que se compite. Aquí, hasta el aire juega.