Un siglo y contando: El Dux de Venecia, una cantina que resiste en Azcapotzalco

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Mucho antes de que los cafés y bares se convirtieran en puntos habituales de reunión, las cantinas ya formaban parte de la vida social de la Ciudad de México. Desde el siglo XIX, estos establecimientos fueron lugares para conversar, comer y beber, aunque durante buena parte de su historia fueron espacios reservados para los hombres. La entrada de las mujeres a las cantinas es relativamente reciente y transformó también la manera de vivir estos lugares.

En el Centro de Azcapotzalco se encuentra El Dux de Venecia, una de las cantinas más antiguas de la alcaldía, que desde 1918 forma parte de la vida de la zona. Desde entonces, ha acompañado los cambios de las calles, las costumbres y las generaciones que han pasado por sus puertas.

A lo largo de 108 años, El Dux ha conservado algunos de los elementos que distinguen a las cantinas tradicionales: la conversación, la comida y, sobre todo, las bebidas con limón. Su historia también refleja la capacidad de estos espacios para adaptarse a una ciudad que cambia constantemente.

Que una cantina permanezca durante tantas décadas no es poca cosa. Significa que ha logrado mantenerse vigente sin perder aquello que la convirtió en un punto de encuentro. Más allá de sus mesas y de su barra, estos establecimientos forman parte de la memoria urbana de los barrios.

El Dux de Venecia es ejemplo de esa resistencia. Su permanencia recuerda que las cantinas no son únicamente lugares de antaño, sino espacios que han acompañado la transformación de la Ciudad de México y que todavía encuentran un lugar en su vida cotidiana.

Porque algunas tradiciones sobreviven precisamente porque saben cambiar con la ciudad sin dejar de ser parte de ella.