Donde antes había senderos para subir a la cima y mirar la ciudad desde lo alto, hoy quedan laderas heridas por décadas de extracción. En la franja volcánica de la sierra de Santa Catarina, entre Tláhuac e Iztapalapa, la explotación de arenilla, grava y otros materiales para construcción redujo espacios de cultivo, favoreció asentamientos humanos y alteró el paisaje de los volcanes Yuhualixqui y Tetecón.
Claudia Bárcenas, vecina de Lomas de San Lorenzo, recuerda que hace unos 35 años las familias todavía podían caminar hasta la cima del Yuhualixqui. El acceso se cerró a principios de los años 90, cuando la extracción se aceleró. Por entonces, la actividad llegó a abastecer la mitad de los materiales de construcción que requería la ciudad, mientras organizaciones como el Frente de Defensa de la Sierra de Santa Catarina exigían detener las canteras.
La explotación continúa dejando conflictos en el presente. En agosto, la alcaldía Iztapalapa suspendió los accesos a una mina del Yuhualixqui, pese a que ya estaba clausurada, y aseguró dos camiones cargados con material. La operación generaba polvo, ruido, vibraciones, daños en el pavimento y derrames en las vialidades; además, al menos ocho viviendas de la calle Las Moras reportaron fracturas. Los sellos se colocaron en accesos de Providencia, Champusco, cerrada de Las Moras y Las Moras, aunque durante el procedimiento no apareció ningún dueño ni representante legal.
La Secretaría del Medio Ambiente clausuró en 2025 un total de 17 minas de Tláhuac e Iztapalapa al señalar que no contaban con autorización para extraer material pétreo. La zona, declarada área natural protegida en 1994, también enfrenta una historia de amparos, disputas por la propiedad ejidal y posibles ventas ilegales que habrían permitido tanto la continuidad de la explotación como la expansión de asentamientos irregulares. Mónica Islas Flores, antropóloga y vecina de Lomas de San Lorenzo, ubica el inicio de la explotación del Yuhualixqui en los años 60 y advierte sobre el deterioro del volcán y la casi extinción del Tetecón.
Mientras las autoridades mantienen suspendidos los accesos de la mina, las zonas afectadas siguen esperando una ruta de regeneración. Entre las laderas desgastadas y las viviendas que reportan daños, la sierra conserva una pregunta pendiente: ¿cómo reparar un paisaje que durante décadas se convirtió en material de construcción para la ciudad?