El próximo 31 de agosto marca el regreso a clases en la Ciudad de México. Y más allá del incremento habitual en el tráfico, la fecha vuelve a poner sobre la mesa un reto cotidiano: qué tan seguros son los trayectos que recorren niñas, niños y adolescentes para llegar a la escuela.
Tan solo en educación básica regresarán a las aulas 1 millón 279 mil 296 estudiantes: 191 mil 756 de preescolar, 687 mil 254 de primaria y 400 mil 286 de secundaria, según datos de la SEP y el INEGI.
La magnitud importa porque cada ciclo escolar multiplica los desplazamientos en calles donde los peatones, especialmente niñas y niños, se encuentran entre los más vulnerables.
El problema no es nuevo. En 2015, el INEGI identificó los hechos de tránsito como la principal causa de muerte infantil. Ese mismo año, la Ciudad de México adoptó la política de Visión Cero, que colocó la prevención de muertes y lesiones graves como uno de los ejes de la movilidad.
Los 500 metros que importan
Uno de los diagnósticos más reveladores llegó con el mapeo realizado por la Secretaría de Seguridad Ciudadana en entornos de hasta 500 metros alrededor de las escuelas. Desde 2018, se habían documentado alrededor de 9 mil 400 personas atropelladas en horarios escolares.
El análisis permitió identificar zonas donde algo tan cotidiano como caminar unas cuadras, cruzar una avenida o bajar de un automóvil puede convertirse en un punto de riesgo.
A partir de este diagnóstico, la Secretaría de Movilidad ha implementado medidas como señalización en zonas escolares, reducción de límites de velocidad, mejoras en cruces peatonales y ordenamiento de ascensos y descensos. También se instalaron 128 paneles de velocidad en inmediaciones de escuelas de la ciudad.
La prueba empieza el lunes
El regreso a clases no solo pondrá a prueba el tráfico de la CDMX. También permitirá observar qué tan bien funcionan estas medidas cuando miles de familias vuelvan a compartir calles, cruces y banquetas cada mañana.
Porque una buena movilidad escolar no consiste únicamente en llegar a tiempo. También significa que el camino a la escuela sea una parte segura de la rutina cotidiana.