Opinión Inseguridad

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Inseguridad: Principal problema para los capitalinos

 

Simón Vargas Aguilar©*

 

“Sin instituciones fuertes, el valiente se cansa y el criminal se organiza.”
Francis Fukuyama

La principal preocupación de la población, no sólo en la Ciudad de México sino en todo el país, durante años ha sido la inseguridad y lamentablemente pareciera que es un tema que continuará en los primeros lugares porque las acciones, aunque nos cueste reconocerlo siguen muy lejos de convertirse de medidas eficaces.

Los datos son demoledores, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2026 del Inegi, la Ciudad de México registró en 2025 la tasa de incidencia delictiva más alta del país con 68 mil 154 delitos por cada 100 mil habitantes; un año antes eran 54 mil 473, es decir un aumento del 25.1%. La tasa de víctimas también encabezó el ranking nacional, con 34 mil 930 por cada 100 mil habitantes.

A pesar de estos datos la percepción bajó de 75.6 a 74.1% y quienes señalan la inseguridad como el principal problema de la ciudad pasaron de 72.2 a 66.6%; ¿A qué debemos este fenómeno? Tristemente no a una situación alentadora sino quizá a todo lo contrario, el vicepresidente del Inegi, Adrián Franco, lo dijo: “Esa disociación no es un milagro de gobierno. Es, con frecuencia, el efecto de habituarse”; cuando el delito se vuelve paisaje, el miedo deja de gritarse… pero no deja de ocurrir”.

La inseguridad es uno de los problemas centrales de la Ciudad de México desde hace décadas, lo saben quienes dejan de salir de noche, quienes esconden el teléfono, quienes evitan ciertas estaciones, quienes pagan “derecho de piso” en el comercio informal o en el formal, lo trágico no es que el diagnóstico sea viejo, sino que las políticas públicas siguen fallando en lo esencial: prevenir, investigar, sancionar y reconstruir la confianza.

A escala nacional nueve de cada diez delitos no se denuncian y no se investigan y sólo uno de cada cien termina con una resolución favorable para la víctima, y se debe reconocer que en un entorno así, exigir que el ciudadano “denuncie” es casi una burla; la gente no acude al Ministerio Público porque ha aprendido que el trámite suele ser demasiado largo, revictimizante e inútil porque la impunidad es el mensaje cotidiano.

Mientras las cifras se discuten en PowerPoint, la ciudad vive la violencia, recientemente un hombre de unos 30 años fue acribillado en el asiento de su auto en la colonia Felipe Pescador, alcaldía Cuauhtémoc; los impactos quedaron marcados en el medallón del vehículo, también en San Miguel Ajusco, Tlalpan, una pareja fue ejecutada a balazos dentro de un Honda City para robar el automóvil, milagrosamente su bebé de dos años sobrevivió en el asiento trasero; historias como estas se repiten día con día y lo lamentable es que para las autoridades son historias para olvidar.

Los servidores públicos y los políticos han perfeccionado el arte de dejar pasar el problema, se elige el indicador que conviene, porque si la ENVIPE muestra más víctimas y más delitos, se explica que la percepción mejoró o que la encuesta “no coincide” con las denuncias. Se inauguran operativos, se anuncian detenciones, se presume coordinación y al día siguiente hay otro auto acribillado, otra familia destrozada u otro comerciante pagando cuota.

La violencia e inseguridad también generan una pérdida económica, el costo, según el Inegi, ya se cuenta en más de 250 mil millones en 2025; la Ciudad de México no puede seguir fingiendo que el problema es de comunicación, una capital que concentra la mayor incidencia delictiva del país y que, al mismo tiempo, presume avances, tiene un dilema de honestidad pública; o se acepta que la estrategia no está conteniendo el volumen real del delito o se admite que se ha optado por gestionar la narrativa, aunque ninguna de las dos opciones debería ser aceptable.

Se han tomado acciones, por ejemplo, se ha rotado de mandos, cambios de nombre de corporaciones y programas que no sobreviven al siguiente organigrama, falta lo difícil, policías confiables y bien pagados; fiscalías que investiguen de verdad; jueces comprometidos con el bienestar de la población y no con el propio e inteligencia contra redes de extorsión, solo por mencionar algunos.

Que en 2026 todavía tengamos que repetir que la inseguridad es el gran problema de la capital expone el fracaso de quienes han tenido y tienen la responsabilidad de atender este fenómeno, aunque la culpa social y política siempre se le atribuye al gobernante en turno. El miedo que baja un punto en una gráfica no es paz, a veces es solo cansancio e indiferencia.

*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política.