La Ciudad de México enfrenta un nuevo desafío para renovar su servicio de taxis: durante 2026, cerca de 19 mil unidades cumplirán diez años de antigüedad y llegarán al límite de vida útil establecido para operar. Estos vehículos se sumarán a una flota en la que más de 62 por ciento ya superó ese periodo, de acuerdo con el Segundo Informe de Gobierno de la Secretaría de Movilidad (Semovi).
El diagnóstico, enviado al Congreso capitalino, revela que los modelos 2024 y 2025 representan apenas 1.09 por ciento del total de unidades que prestan el servicio. La dimensión del rezago contrasta con la velocidad de renovación: mientras miles de vehículos se acercan al límite de antigüedad, la incorporación de taxis nuevos sigue siendo reducida.
Renovar cuesta más de lo que muchos pueden pagar
El problema tiene una explicación económica. De acuerdo con información publicada por La Jornada en septiembre de 2025, los vehículos nuevos disponibles para sustituir taxis tenían precios de entre 289 mil y 465 mil 100 pesos. En ese mismo diagnóstico se estimó que los concesionarios obtenían ingresos promedio de 19 mil 700 pesos mensuales, una cantidad que limita su capacidad para adquirir un automóvil nuevo sin recurrir a financiamiento.
A esto se suman los gastos cotidianos de operación. El precio de la gasolina, las refacciones y el mantenimiento presionan las finanzas de quienes trabajan en el sector, mientras que la tarifa del taxi libre se había mantenido en 8.74 pesos durante 12 años, según el reporte periodístico. La combinación de ingresos limitados y costos crecientes dificulta reunir el dinero necesario para cambiar de unidad.
La falta de financiamiento también representa un obstáculo. Una investigación de Milenio documentó que algunos concesionarios no cumplen con los requisitos bancarios para obtener créditos, debido a que sus ingresos son variables y no siempre cuentan con registros financieros formales. A ello se suman las exigencias de enganches y garantías, que pueden dejar fuera a quienes más necesitan renovar sus vehículos.
Apoyos para cambiar de unidad
Para atender el rezago, la Semovi mantiene un programa de sustitución dirigido a concesionarios cuyos taxis alcanzaron o superaron los diez años de antigüedad. El esquema contempla incentivos económicos para facilitar la compra de vehículos con mejores condiciones de seguridad, eficiencia energética y accesibilidad, además de opciones de financiamiento con tasas preferenciales mediante instituciones respaldadas por Nacional Financiera.
De acuerdo con el Segundo Informe, el programa ha beneficiado de manera acumulada a 299 personas concesionarias, con apoyos de entre 120 mil y 200 mil pesos. Gracias a estos recursos se sustituyó el mismo número de unidades: 286 por vehículos de gasolina de alta eficiencia y 13 por automóviles híbridos o eléctricos. Aunque representa un avance, la cifra resulta pequeña frente a los más de 73 mil taxis que ya habían superado su vida útil.
Para 2026, la dependencia prevé destinar hasta 62 millones de pesos para apoyar la adquisición de taxis eléctricos y otros 36 millones para unidades de alta eficiencia. En conjunto, la bolsa presupuestal podría alcanzar los 98 millones de pesos. La Semovi también reporta mesas de difusión y concertación con concesionarios para facilitar su incorporación al programa y promover alternativas de sustitución.
El reto de retirar los vehículos antiguos
La renovación no depende únicamente de entregar apoyos para comprar automóviles nuevos. En noviembre de 2025, el secretario de Movilidad, Héctor Ulises García Nieto, reconoció ante el Congreso local que la sustitución del transporte público avanzaba lentamente y que la ciudad carecía de una política efectiva para retirar las unidades que ya habían cumplido su vida útil. La advertencia apunta a un problema de fondo: cambiar algunos vehículos no basta si otros tantos permanecen en circulación durante años.
El desafío también tiene implicaciones para la calidad del servicio y la transición hacia una movilidad menos contaminante. La incorporación de taxis híbridos y eléctricos puede reducir emisiones y mejorar las condiciones de operación, pero su expansión depende de que los concesionarios puedan adquirirlos y de que existan condiciones financieras para sostener el cambio. Por ahora, la proporción de modelos recientes muestra que esa transformación todavía está lejos de alcanzar a toda la flota.
Con cerca de 19 mil vehículos adicionales por cumplir diez años durante 2026, la presión sobre el programa de sustitución aumentará. La pregunta ya no es solamente cuántos apoyos puede entregar el gobierno capitalino, sino si serán suficientes para acelerar la renovación y evitar que miles de taxis sigan operando después de haber agotado su vida útil.