Hablar de Cuauhtémoc es hablar de muchas ciudades dentro de una misma alcaldía. Basta recorrer algunos kilómetros para encontrarse con realidades completamente distintas: la Condesa, con sus restaurantes, cafeterías, hoteles y una creciente valorización inmobiliaria; la Zona Rosa, marcada por su vida nocturna, comercio y su historia como espacio de diversidad; Sullivan, donde también existe una dinámica vinculada al trabajo sexual; y el Centro Histórico, donde las calles concentran buena parte de la memoria histórica del país.
Pero Cuauhtémoc no termina ahí. Están también Doctores, Guerrero, Morelos, Tepito, Santa María la Ribera, Obrera, Tlatelolco, Peralvillo y otras colonias que tienen sus propias dinámicas, necesidades y formas de habitar la ciudad. La alcaldía está integrada por 33 colonias y reúne espacios públicos, zonas comerciales, corredores turísticos y barrios con historias muy distintas entre sí.
Esa diversidad también plantea una pregunta: ¿cómo se gobierna un territorio donde las necesidades pueden ser tan diferentes de una colonia a otra?
No es lo mismo atender las banquetas y el espacio público de una zona turística que resolver problemas de servicios urbanos en una colonia habitacional; tampoco son iguales las necesidades de quienes viven ahí que las de quienes llegan todos los días a trabajar, comprar, divertirse o hacer turismo. A esto se suman problemáticas como los desalojos, el acceso a la vivienda, el comercio en vía pública, la población en situación de calle y otras condiciones que requieren respuestas distintas según la zona y las personas que la habitan.
Por eso, el reto de gobernar Cuauhtémoc está precisamente en entender todos sus rostros. La alcaldía no puede pensarse únicamente desde sus zonas más visitadas, sus restaurantes o sus corredores que concentran mayor actividad económica. También debe mirar donde se concentra mayor actividad social, las colonias donde la vida cotidiana ocurre lejos de esas postales.
Porque si Cuauhtémoc es una alcaldía tan diversa, su gobierno también necesita tener una mirada igual de amplia: una que entienda que las necesidades de sus 33 colonias no son las mismas y que atenderlas requiere mirar más allá de las zonas que suelen concentrar los reflectores.