Hace exactamente dos años, los 16 alcaldes y alcaldesas de la Ciudad de México rindieron protesta ante el Congreso capitalino. Comenzaba entonces un nuevo ciclo para gobernar 16 territorios que comparten una ciudad, pero enfrentan realidades y necesidades muy distintas.
Dos años después, las prioridades elegidas por cada gobierno empiezan a dibujar diferencias más claras entre las gestiones. Algunas han apostado por dar continuidad a modelos existentes; otras han construido programas propios para atender problemas específicos de su territorio.
En Iztapalapa, por ejemplo, las Utopías han mantenido el peso de un modelo que concentra deporte, cultura, cuidados y servicios sociales, mientras la infraestructura hidráulica ha ganado espacio en la agenda. En Álvaro Obregón, las barrancas se convirtieron en territorio de intervención con Barrancas ÁO y Fábrica del Agua: para principios de 2026 se habían intervenido 12 y retirado más de 4 mil 660 toneladas de residuos.
La seguridad ha marcado otras gestiones. Benito Juárez mantuvo Blindar BJ360° como uno de sus principales ejes y durante 2026 volvió a registrar la mayor percepción de seguridad entre las alcaldías de la capital, de acuerdo con la ENSU. En Gustavo A. Madero, la estrategia ha buscado combinar seguridad y recuperación urbana a través de los Senderos de Paz y Esperanza, que para mayo sumaban más de 86 kilómetros, junto con nuevos espacios comunitarios EDEN.
El espacio público ofrece otra lectura de estos dos años. En Cuauhtémoc, Renace Cuauhtémoc ha llevado intervenciones a parques, plazas, banquetas y vialidades; mientras Cuajimalpa ha colocado recursos en infraestructura hidráulica, repavimentación y recuperación urbana, junto con su estrategia de seguridad.
Son políticas distintas frente a territorios distintos. Pero también muestran algo más: a dos años de haber asumido, las alcaldías están obligadas a diferenciar sus gestiones más allá de administrar los servicios cotidianos. Tener un programa reconocible no necesariamente significa haber resuelto un problema; significa haber definido dónde se quiere dejar una huella.
Y los límites administrativos alcanzan sólo hasta cierto punto. Agua, drenaje, seguridad, movilidad, residuos y grandes obras requieren coordinación con el Gobierno de la Ciudad. Al mismo tiempo, calles secundarias, parques, mercados, banquetas y servicios cotidianos colocan a cada alcaldía directamente frente a sus vecinos.
Ahí está la prueba del último año. Ya no será solamente qué programa distingue a cada gobierno, sino qué problemas consiguió resolver, qué proyectos logró consolidar y qué sigue pendiente después de dos años de gestión.
En octubre de 2027 terminará el periodo para el que fueron electos. Para entonces, la diferencia entre una política que consiguió identidad y una que consiguió resultados será mucho más difícil de separar.