La sonrisa de la Catrina genera más conversación que muchos partidos políticos

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¿Qué hace una calavera aristócrata de 33 metros frente a la Catedral Metropolitana?

Pues sin lugar a dudas mucho más que romper un Récord Guinness porque la Catrina monumental del Zócalo generó más de 46 mil menciones, superando los 4 millones de interacciones y las 27.3 millones de vistas. Pero no solo fue su tamaño lo que generó discusión, pues el 46% de los internautas hablaron de la cultura mexicana y el orgullo nacional, el 30.6% se enfocaron en una lectura política y sorprendentemente el 14.6% habló de las implicaciones religiosas, porque algunos la tildaron de satánica.

La Calavera Garbancera de José Guadalupe Posada nació para burlarse de quienes renegaban de sus raíces populares y pretendían distinguirse mediante las apariencias. Debajo de los sombreros elegantes, las joyas y los apellidos ilustres, todos terminamos convertidos en huesos ya que la muerte no solo nos iguala, también nos arrebata los privilegios. Por eso resulta tan provocador que un gobierno que reivindica “primero los pobres” coloque semejante figura frente a uno de los grandes símbolos históricos de la autoridad religiosa, en una plaza rodeada de edificios que representan siglos de poder político y económico. Cuesta trabajo pensar que una escena tan cargada de historia sea políticamente inocente.

Y el pueblo reaccionó a este sentimiento, pues las expresiones de orgullo e identidad mexicana concentraron nada menos que 3.09 millones de interacciones. No es poca cosa en un país donde el eurocentrismo relegó durante siglos las tradiciones indígenas y populares al terreno del folclor. La Catrina recuerda que la cultura también es política y que nuestras tradiciones sobrevivieron porque los pueblos supieron transformarlas, no porque obedecieran sin cuestionar.

Sin embargo, esa misma celebración despertó la vieja voz del regaño religioso. De las menciones que tenían un énfasis religioso,  el 74% condenó la figura por idolatría o supuesto culto a la muerte. Hubo preocupaciones espirituales sinceras, pero también quienes parecían convencidos de tener autoridad para corregir las costumbres ajenas. La superioridad moral, como la aristocracia, también encuentra maneras de distinguirse del pueblo.

Y como siempre, hay quienes quieren hacer más ruido y sacar provecho político, porque mientras los ciudadanos discutían identidad, historia, religión y poder, los grupos opositores parecían más interesados en saber cuánto costó la calavera. Se registraron 4 mil menciones sobre el gasto público, pero solo generaron 68 mil interacciones (que representan tan solo el 1.7% del total), una discusión que es legítima pero que en realidad no tuvo tanto impacto en el público.

Y ahí aparece la paradoja, frente a una escultura que nació para ridiculizar los privilegios, colocada frente a la Catedral y rodeada de algunos de los símbolos más antiguos del poder político y religioso de México, la crítica opositora apenas alcanzó a ver una factura.

Y quizá la Catrina todavía nos reserve una última sorpresa. En las redes ya aparecieron acusaciones sin sustento sobre supuestos rituales satánicos. No sería extraño que, rumbo a las elecciones de 2027, alguien decidiera convertirlas en argumento electoral. La calavera desaparecerá del Zócalo, pero sus críticos podrían encargarse de mantenerla viva, denunciando a un gobierno satánico. Después de todo, sería bastante irónico que quienes más condenaron a la Catrina terminaran haciendo campaña por ella.

La vieja batalla de Posada no terminó, sólo cambió de pantalla.