La política nunca había tenido tantas herramientas para hablarle a la gente. El problema es conseguir que la gente escuche, crea y confíe. Sobre esa paradoja comenzó este martes en la Ciudad de México la ruta hacia la XXV Cumbre Mundial de Comunicación Política, que reunirá en noviembre a especialistas de más de 25 países.
Durante la conferencia de prensa realizada en el Sheraton María Isabel, organizadores y especialistas adelantaron una discusión que irá mucho más allá de las herramientas para ganar una elección. ¿Cómo se construye liderazgo en sociedades fragmentadas? ¿Hasta dónde puede la inteligencia artificial transformar una campaña? ¿Cómo se gobierna frente a la desinformación y la conversación permanente? ¿Y qué papel juega el periodismo cuando buena parte de la política se disputa ya entre algoritmos, plataformas y comunidades digitales?.
Son preguntas que llegarán a las salas de la Cumbre los próximos 24, 25 y 26 de noviembre. La expectativa es reunir a más de 250 conferencistas, representantes de más de 25 países y 2,500 asistentes, entre consultores y estrategas, funcionarios, periodistas, académicos, investigadores, dirigentes, candidatos y equipos políticos.
La agenda cruzará inteligencia artificial, campañas electorales, comunicación gubernamental, medios y opinión pública, jóvenes y política, liderazgo y nuevas tecnologías, entre otros temas. Pero el denominador común parece estar en otro lugar: cómo volver a conectar la política con ciudadanos cuya atención es cada vez más difícil de conseguir y cuya confianza no se obtiene con un algoritmo.
Daniel Ivoskus, presidente de la Cumbre, remarcó además el carácter plural del encuentro: distintas posiciones políticas compartirán un espacio que busca privilegiar el debate democrático y el intercambio de experiencias. La edición contará con seis salas simultáneas, de modo que cada participante pueda construir su propio recorrido.
La presentación de este martes fue así el banderazo de salida de Cumbre México 2026. En noviembre, la Ciudad de México recibirá durante tres días una conversación que parte de una realidad incómoda para campañas, gobiernos y comunicadores: tener más capacidad para hablar no necesariamente significa tener más capacidad para convencer.