Cada temporada de lluvias, muchas calles de la Ciudad de México vuelven a convertirse en puntos críticos. El agua invade banquetas, dificulta la circulación, alcanza viviendas y comercios, y obliga a desplegar equipos de emergencia en lugares donde las afectaciones suelen repetirse.
La preocupación es clara: evitar que las alcaldías esperen a que las calles se inunden para intervenir. La prevención exige identificar las zonas de mayor riesgo y atender oportunamente el drenaje y alcantarillado, antes de que las lluvias vuelvan a provocar afectaciones.
Con ese propósito, la diputada Brenda Fabiola Ruiz Aguilar, de Morena, presentó una iniciativa para que las 16 alcaldías actualicen sus registros de inundaciones y encharcamientos y, con esa información, den prioridad a las acciones preventivas de desazolve, limpieza y mantenimiento.
La propuesta, presentada el 4 de noviembre ante el Congreso capitalino y difundida este sábado 7, busca reformar el artículo 42 de la Ley Orgánica de Alcaldías. De aprobarse, obligaría a mantener actualizada la información sobre zonas de riesgo y establecería que las alcaldías procuren realizar trabajos preventivos en los puntos más vulnerables.
Saber dónde se inunda antes de que vuelva a llover
La iniciativa plantea que cada alcaldía identifique y mantenga actualizados sus puntos críticos de inundación, incorporando registros de afectaciones e información técnica a su Atlas de Riesgos.
Estos instrumentos permiten localizar zonas vulnerables y orientar decisiones sobre infraestructura, protección civil y prevención de emergencias.
Con esa información, las alcaldías procurarían dar prioridad a las labores de desazolve, limpieza y mantenimiento del drenaje y alcantarillado en los lugares con mayor riesgo.
La propuesta no crea un sistema nuevo de drenaje ni anuncia obras específicas. Su objetivo es incorporar criterios de prevención a las responsabilidades que ya tienen las autoridades territoriales.
Una ciudad donde el agua sigue sus antiguos caminos
Debajo de algunas de las grandes avenidas de la Ciudad de México todavía corren los ríos que alguna vez estuvieron a cielo abierto. El Viaducto Río de la Piedad, Río Churubusco y Río Consulado conservan en sus nombres la memoria de aquellos cauces, hoy entubados e incorporados al sistema de drenaje.
La capital fue construida sobre una cuenca donde el agua descendía de las montañas hacia un sistema de lagos. Con el crecimiento urbano, los ríos fueron cubiertos, los lagos desecados y extensas superficies quedaron bajo el pavimento. Pero las zonas bajas donde naturalmente se acumulaba el agua no desaparecieron. Investigaciones de la UNAM han documentado esta transformación del territorio y sus implicaciones para el manejo del agua en la capital.
En julio, la diputada Miriam Saldaña Cháirez, del PT, presentó otra iniciativa para actualizar los Atlas de Riesgos de las 16 alcaldías e identificar antiguos cauces, barrancas y zonas de escurrimiento. Aunque es una propuesta distinta, coincide en una idea fundamental: para prevenir inundaciones, primero hay que entender por dónde ha circulado históricamente el agua.
Una propuesta que todavía debe discutirse
La iniciativa fue turnada a las Comisiones Unidas de Normatividad, Estudios y Prácticas Parlamentarias, y de Alcaldías y Límites Territoriales, donde deberá analizarse antes de una eventual votación.
Por ahora, las responsabilidades vigentes de las alcaldías en materia de drenaje, obras públicas y protección civil permanecen sin cambios derivados de esta propuesta.
La discusión abre una oportunidad para revisar cómo se aprovecha la información sobre inundaciones y qué coordinación existe entre las alcaldías y las autoridades encargadas de la gestión del agua.
Porque conocer las calles que se inundan es el primer paso; conseguir que esa información se traduzca en prevención es el verdadero desafío.