Un camión convertido en cocina, un remolque decorado o un carrito de postres: los “food trucks” han encontrado un lugar en las calles de la Ciudad de México. Su atractivo está en llevar antojitos y comida a zonas concurridas sin asumir los costos de un local comercial. Pero detrás de cada negocio sobre ruedas hay otro desafío: conseguir dónde instalarse y obtener los permisos necesarios.
Una alternativa frente a las rentas comerciales
Gerardo Cleto López Becerra, presidente de ConComercio Pequeño, considera que las alcaldías y los diputados locales deben establecer programas administrativos que faciliten la regularización de estos negocios. Señala que se trata de trabajadores que buscan generar ingresos en un contexto económico complicado. Como ejemplo del costo de emprender en un establecimiento fijo, advierte que en zonas como Polanco las rentas pueden alcanzar entre 350 mil y 400 mil pesos mensuales.
Para Jesús, propietario de La Krepeta Móvil, en Jardín Balbuena, la decisión de acondicionar un camión para vender crepas, frappés y malteadas respondió precisamente a evitar el pago mensual de un local. “Mejor hago una sola inversión y ya no estoy mes con mes pagando una renta”, explicó. Una apuesta similar llevó a Leonardo Casillas, de 23 años, a abrir La Bourgeoisie, donde ofrece hamburguesas y hotdogs junto con su novia, después de estudiar gastronomía.
El permiso, el obstáculo sobre ruedas
Casillas contó que al principio buscó autorización en la alcaldía, pero no consiguió el permiso. Finalmente obtuvo una licencia del gobierno capitalino, aunque también enfrentó quejas vecinales cuando instaló su negocio en la colonia Condesa. Actualmente vende en el retorno 52 de la calle Cecilio Robelo.
La búsqueda de un espacio tampoco fue sencilla para otros comerciantes. En las calles Fernando Iglesias Calderón y Genaro García, Nancy Ramírez trabaja en La Super Fresa, un carrito de postres con crema y distintos toppings, mientras Luis Vázquez vende salchichas preparadas por Sebastián Hirschberg. Este último dejó su empleo en Alemania para emprender en México y pasar más tiempo con su familia. Tras meses de buscar dónde instalarse y escuchar negativas, consiguió un permiso de Vía Pública y acordó con una vecina vender frente a su domicilio. Los testimonios fueron obtenidos de una nota de La Jornada.