El suelo de la capital mexicana cede de manera continua, algunas zonas de la ciudad se hunden a un ritmo que supera los dos centímetros al mes, lo que equivale a mas de 24 centímetros e incluso hasta 40 centímetros al año en puntos críticos.
La Ciudad de México se esta hundiendo y este fenómeno puede medirse y registrarse con precisión milimétrica desde el espacio.
Y no es una hipótesis, o una teoría, tampoco es ciencia ficción. Se trata de una información confirmada. No pueden estar equivocados:
- Agencias espaciales e instituciones científicas internacionales como la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), la Misión Satelital NISAR, la Organización India de Investigación Espacial (ISRO), clave para registrar la deformación del terreno en tiempo real desde el espacio y la Unión Geofísica Americana (AGU), entidad que publica y respalda extensos estudios de subsidencia en su revista científica especializada Eos.
- Universidades e institutos educativos como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que lidera el monitoreo a través de su Instituto de Geología, Instituto de Geofísica e Instituto de Ingeniería, el Instituto Politécnico Nacional (IPN), institución académica que participa activamente en el análisis topográfico y estructural del suelo del valle de México y la Universidad de Oregón, que ha coliderado y publicado investigaciones geológicas de vanguardia sobre el ritmo de compactación del antiguo lago.
- Científicos y especialistas destacados como el Dr. Enrique Cabral Cano, el Dr. Darío Solano Rojas, el Dr. Nabor Carrillo Flores.
- Medios de comunicación del mundo como CNN, El País, The Guardian National Geographic, Associate Press, The New York Times, ABC News, Los Ángeles Times, Wired, México News Daily, entre muchos más.
Ante la curiosidad del lector de CDMX AL DIA, respecto a ¿Qué es lo que se ve desde el espacio? Los satélites no toman una “fotografía” común en la que se vea un agujero a simple vista, sino que generan mapas topográficos de deformación mediante radares que muestran con exactitud qué áreas están bajando más rápido.
En tierra, este impacto se refleja de forma muy real en daños a la infraestructura, tuberías rotas, deformaciones en monumentos históricos (como el Ángel de la Independencia, que ha requerido escalones adicionales con los años) y hundimientos severos en zonas como el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y el oriente del Valle de México.
Nuevos datos de NISAR muestran que partes de la Ciudad de México se hundieron aproximadamente 2 centímetros por mes (mostrado en azul) entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026. Cambios de elevación desiguales y aparentemente pequeños se han acumulado durante décadas, agrietando carreteras, edificios y tuberías de agua. David Bekaert/JPL-Caltech/NASA
¿Cuáles son las causas del hundimiento y qué alcaldías son las más afectadas?
La ciudad fue construida sobre el lecho de un sistema de lagos antiguos (el Lago de Texcoco y otros cuerpos de agua), un suelo arcilloso retentivo de agua y altamente compresible.
El bombeo intensivo de agua subterránea de los acuíferos para abastecer a la población compacta los sedimentos subterráneos al vaciarse de humedad.
El peso masivo de los edificios, grandes obras viales y la densidad urbana aceleran la compactación de este suelo blando.
El hundimiento no ocurre de manera uniforme Las alcaldías más afectadas son aquellas situadas sobre las capas de arcilla blanda del antiguo lecho del lago, concentrándose el mayor impacto en la zona oriente, norte y centro de la capital.
Las zonas críticas, con hundimientos de hasta 30 o 40 centímetros por año, son Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Tláhuac y Venustiano Carranza.
Afectación moderada a alta con hundimientos de 10 a 20 centímetros por año, son Iztacalco, Cuauhtémoc y Xochimilco.
Por el contrario, alcaldías ubicadas en zonas altas y de roca volcánica firme, como Tlalpan, Milpa Alta o Cuajimalpa prácticamente prácticamente no experimentan este problema.
En síntesis, el hundimiento de la Ciudad de México ha dejado de ser una lejana advertencia geológica para consolidarse como una crisis urbana de primer orden, hoy nítidamente medible desde el espacio.
Las imágenes satelitales no solo confirman la pérdida irreversible de centímetros de suelo mes con mes, sino que exponen las profundas fracturas de una metrópoli que castiga con mayor severidad a sus periferias orientales.
Este fenómeno, acelerado por un modelo insostenible de sobreexplotación de acuíferos y el peso de su propia infraestructura, ya no representa únicamente un desafío de ingeniería para monumentos emblemáticos, sino una amenaza directa a la vivienda y la seguridad hídrica de millones de habitantes.
Ignorar las señales que la tecnología espacial nos genera, así como las grietas y los socavones en el asfalto, no pueden soslayar se como problemas menores. El verdadero reto de la Ciudad de México en este siglo no será cómo seguir creciendo hacia el cielo, sino cómo evitar seguir hundiéndose.