Llegas a una cafetería, un hotel, un aeropuerto o incluso a un centro comercial, ves el letrero de “Wi-Fi gratis” y conectarte parece lo más sencillo del mundo. Pones tu correo, aceptas unos términos y en segundos ya tienes internet. Pero antes de darle “aceptar” sin leer, hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué estás dando a cambio de esa conexión?
No todas las redes Wi-Fi públicas funcionan igual. Algunas simplemente requieren una contraseña que te proporciona el establecimiento; otras te piden registrarte con tu correo electrónico, número de teléfono, nombre u otros datos antes de permitirte navegar. En esos casos, el primer paso no debería ser aceptar automáticamente, sino revisar qué información están solicitando, para qué la utilizarán y qué dice su aviso de privacidad. El INAI ha recomendado precisamente leer este documento antes de proporcionar datos personales para acceder a una red pública.
Esto es importante porque “gratis” no significa necesariamente que no exista un intercambio. Si una red comercial te solicita información para conectarte, el aviso de privacidad debería permitirte conocer quién es responsable del tratamiento de esos datos, para qué finalidades los utilizará y cuáles son tus derechos como persona titular de la información. Si solo quieres conectarte a internet y el formulario empieza a pedir datos que no parecen necesarios para ese propósito, vale la pena detenerse y preguntarse si realmente quieres proporcionarlos.
Pero existe otro problema que no tiene que ver directamente con la información que entregas en el formulario: la seguridad de la propia red.
Una red pública abierta puede ser vulnerable a distintos riesgos. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana ha advertido sobre la creación de puntos de acceso falsos que imitan el nombre de redes legítimas, así como sobre posibles intentos de robo de información y distribución de software malicioso. Por eso recomienda comprobar con el personal del establecimiento cuál es el nombre exacto de la red antes de conectarse.
Un ejemplo muy sencillo: estás en una cafetería llamada “Café Roma” y aparecen dos redes: CaféRoma y CaféRoma_Free. Que una tenga un nombre convincente no significa que sea la oficial. De hecho, la Procuraduría Federal del Consumidor recomienda evitar redes duplicadas o sospechosas y señala como señal de alerta aquellas que solicitan información inusual, contraseñas u otros datos sensibles.
Entonces, ¿significa que nunca deberías usar Wi-Fi público? No necesariamente. La tecnología ha cambiado y actualmente la mayoría de los sitios web utilizan cifrado, por lo que conectarse a una red pública no significa automáticamente que alguien pueda leer todo lo que haces. Sin embargo, eso no elimina todos los riesgos ni convierte cualquier red en segura.
La regla más sencilla es no hacer en una red pública algo que no harías si tuvieras dudas sobre quién controla la conexión. La Guardia Nacional recomienda utilizar estas redes principalmente para consultar información y evitar proporcionar datos personales o financieros. También aconseja desactivar la conexión automática para impedir que el dispositivo se conecte por su cuenta a redes desconocidas.
Si necesitas conectarte, hay algunas medidas muy fáciles que pueden hacer la diferencia. Primero, confirma el nombre de la red directamente con el establecimiento. Después, desactiva la opción de conexión automática y evita realizar compras, transferencias o operaciones bancarias mientras estés conectado a una red pública. También verifica que los sitios que visites utilicen HTTPS, mantén actualizado tu dispositivo y activa la autenticación en dos pasos en tus cuentas importantes. Son recomendaciones que también forman parte de las medidas de seguridad difundidas por las autoridades mexicanas.
Y hay un último detalle que solemos pasar por alto: cerrar la sesión. Si entraste a tu correo, redes sociales o cualquier cuenta desde una conexión pública, asegúrate de salir cuando termines y evita guardar contraseñas en el navegador. La propia Guardia Nacional recomienda esta precaución, especialmente cuando se utilizan equipos compartidos o redes abiertas.
La próxima vez que aparezca el famoso “Wi-Fi gratis”, no tienes que entrar en pánico ni sacar inmediatamente tus datos móviles. Solo tómate unos segundos para revisar a qué red te estás conectando, quién la administra, qué información te están pidiendo y para qué. Porque quizá el Wi-Fi sea gratuito, pero tu información personal siempre tiene un valor.
Y esa es precisamente la parte que vale la pena no regalar tan fácilmente.