El león no es como lo pintan

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La estatua de Calderón perdió la cabeza y las redes recuperaron la memoria.

La historia está llena de estatuas derribadas y decapitadas. Nadie destruye el bronce por el bronce, sino por lo que representa. Los gobiernos levantan monumentos para contar la historia como quieren que sea recordada. El problema es que la gente también tiene memoria.

Hay una fábula de Esopo en la que un hombre y un león discutían sobre cuál era más fuerte. En el camino encontraron una estatua de un hombre sometiendo a un león. El hombre la señaló como prueba de su superioridad. El león respondió que la había hecho un hombre y que, si los leones supieran esculpir, seguramente contarían otra historia.

 

Y aquí la pregunta es la misma. ¿Quién cuenta la historia?

 

Felipe Calderón regresó a México para participar en América Libre, Unidos por la Democracia, un foro organizado por el PAN y otros partidos latinoamericanos conservadores. Desde ahí acusó a los gobiernos de Morena de destruir instituciones, perseguir opositores y llevar al país hacia una nueva “dictadura perfecta”. Pero afuera no lo esperaban precisamente los mariachis, más bien lo esperaba su pasado.

Extrabajadores de Luz y Fuerza protestaron contra él y después fueron a Los Pinos, donde golpearon su estatua hasta arrancarle la cabeza. La figura ya llevaba más de un año tirada después de que un árbol la derribara. El episodio generó 14,271 menciones relacionadas directamente con la decapitación desde el 30 de septiembre al 6 de octubre.

 

El león que pintaron

Calderón llamó “miserables” a los responsables y presentó lo ocurrido como muestra de un gobierno incapaz de proteger los bienes y tolerar a quienes piensan diferente. La historia quedaba redonda. Calderón denuncia autoritarismo, sus adversarios decapitan su estatua y el gobierno no lo impide. Pero cabe un viejo refrán.

¿Cree el ladrón que todos son de su condición?

En 2009 su gobierno extinguió Luz y Fuerza del Centro y alrededor de 44 mil trabajadores perdieron su empleo. Años después, Calderón contó cómo prepararon el operativo. México jugaba contra El Salvador cuando Cuauhtémoc Blanco metió el segundo gol. Mientras la gente festejaba, recordó haber dado la orden: “es la hora, vámonos para adelante”. La distracción aquella vez no fue una acusación: formó parte de la operación que él mismo relató.

Diecisiete años después, Calderón responsabiliza al gobierno actual por no impedir que algunos de aquellos trabajadores llegaran hasta su estatua.

 

La estatua que conocía el pueblo

Y entonces las redes hicieron lo que quizá Calderón no esperaba. Recordar.

Aparecieron 9,979 menciones a Luz y Fuerza, SME o electricistas; 8,562 a “Borolas”; 2,352 a García Luna; 1,437 a narcogobierno o narcoestado y 1,200 a la Guardería ABC.

También llegó la burla. Hubo 2,103 menciones sobre alcohol, ron o cubas y 430 sobre Bacardí. La cabeza terminó entre invitaciones a llevar hielos y “armar el Bacachoes”.

 

 

El león no es como lo pintan

Una cosa es construir una narrativa y otra conseguir que quienes vivieron aquellos años olviden la suya. Esta conversación no representa a todo México, pero deja algo claro. Calderón regresó para hablar del gobierno actual y miles de usuarios le respondieron recordándole el suyo.

Al final Esopo tenía razón. Puedes mandar a hacer la estatua. Lo que no puedes decidir es cómo te va a recordar la gente.