FOTO: ROGELIO MORALES/CUARTOSCURO
El deterioro de las calles de la Ciudad de México se ha convertido en uno de los problemas más persistentes de la vida cotidiana. Años de desgaste, mantenimiento insuficiente y temporadas de lluvias que aceleran la destrucción del pavimento han dejado vialidades donde circular exige esquivar baches, sortear hundimientos y enfrentar riesgos que van mucho más allá de los daños a los automóviles.
La dimensión del rezago es considerable. Tan solo durante el segundo trimestre de 2026, el Sistema Unificado de Atención Ciudadana (SUAC) recibió 19 mil 518 solicitudes de bacheo, de las cuales 14 mil 51 permanecían abiertas. Casi tres de cada cuatro reportes seguían sin resolverse al cierre de ese periodo.
Ante este panorama, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció un programa para entregar 100 mil toneladas de asfalto a las 16 alcaldías, con el propósito de reforzar la reparación de calles secundarias a partir de 2027.
El rezago vial exige una respuesta de toda la ciudad
Durante su Segundo Informe de Gobierno ante el Congreso capitalino, el 14 de octubre, Brugada planteó un esquema de corresponsabilidad con las 16 alcaldías para reforzar el bacheo de calles secundarias. Por cada mil toneladas de asfalto que utilice una demarcación en estos trabajos, el Gobierno de la Ciudad de México aportará otras mil, siempre que las intervenciones estén comprobadas mediante un sistema georreferenciado.
El mecanismo busca sumar recursos y capacidad de ejecución entre ambos niveles de gobierno, con apoyos diferenciados para las alcaldías con menores recursos, de manera que las posibilidades presupuestales de cada demarcación no determinen por sí solas el alcance de las reparaciones.
La mandataria informó que durante los primeros dos años de su administración se han repavimentado 450 kilómetros de vialidades. Sin embargo, la persistencia de miles de reportes ciudadanos muestra la magnitud del desafío, especialmente en las calles secundarias, donde se concentra buena parte de los desplazamientos cotidianos.
No solo automóviles: la seguridad de todos está en juego
El deterioro del pavimento afecta a quienes conducen, pero también a ciclistas, motociclistas y usuarios de monopatines, para quienes un bache puede significar una caída o un accidente grave. El transporte público tampoco queda al margen: las malas condiciones de las calles dificultan la circulación y afectan la calidad de los trayectos.
Los peatones enfrentan otra dimensión del problema. Las superficies dañadas, los hundimientos y los encharcamientos complican los cruces y pueden obligar a caminar entre vehículos, con riesgos especialmente importantes para personas mayores, niñas, niños y quienes tienen movilidad reducida.
La reparación de las vialidades, por tanto, no puede medirse únicamente en toneladas de asfalto. También debe traducirse en mejores condiciones para caminar, circular y utilizar los distintos medios de transporte que hoy conviven en la capital.
El nuevo programa abre una oportunidad para enfrentar un rezago que afecta a las 16 alcaldías. Su verdadero alcance dependerá de la coordinación entre gobiernos, la calidad de las intervenciones y la capacidad de convertir los anuncios en calles efectivamente recuperadas.