En los 42 mercados de Venustiano Carranza, la vida de barrio comienza mucho antes de que termine la lista del mandado. Son lugares donde los comerciantes conocen a sus clientes, las familias conservan sus negocios durante generaciones y comprar alimentos también significa encontrarse con los vecinos.
Desde las flores de Jamaica hasta los pasillos de La Merced, estos espacios forman parte de la identidad de la Ciudad de México. Pero detrás de su actividad cotidiana existen necesidades de mantenimiento que afectan a quienes trabajan y compran en ellos.
La alcaldía concentra 42 mercados públicos y más de 14 mil locales comerciales, una de las redes de abasto tradicional más importantes de la capital. Conservarla implica atender techumbres, drenajes, instalaciones eléctricas y condiciones de seguridad.
Cuando el mantenimiento llega al puesto
Durante 2026, comerciantes de mercados como Jamaica y Sonora denunciaron problemas de goteras, inundaciones, coladeras deterioradas y daños en sus instalaciones.
Para un locatario, una inundación puede representar mercancía perdida, gastos imprevistos y horas de trabajo destinadas a limpiar su negocio. Para los compradores, significa recorrer instalaciones que no siempre ofrecen las condiciones adecuadas.
Las necesidades no son nuevas. Un diagnóstico de la propia alcaldía, conocido en 2025, identificó requerimientos de mantenimiento en distintos mercados, incluidos trabajos de impermeabilización, drenaje e instalaciones eléctricas. En algunos inmuebles también se señalaron riesgos en materia de protección civil.
Menos recursos propios para una red de mercados que necesita atención
La conservación de estos espacios enfrenta un contraste presupuestal. De acuerdo con cifras de la Dirección de Recursos Financieros de Venustiano Carranza, difundidas en julio, la partida destinada a rehabilitación y mantenimiento pasó de 58.5 millones de pesos en 2023 a 10 millones en 2026, una disminución cercana al 83%.
El reporte también señalaba que, hasta mayo, no se habían ejercido recursos de esa partida. Sin embargo, ese corte no permite establecer cuánto se ha gastado durante el resto del año.
La reducción del presupuesto propio tampoco significa que no se hayan realizado obras. El Mercado de Sonora recibió una asignación de 10 millones de pesos mediante el Fideicomiso de Infraestructura, Movilidad, Agua y Seguridad, mientras que el Gobierno capitalino destinó 40 millones a renovar las instalaciones eléctricas de la nave menor de La Merced.
Son intervenciones importantes, aunque no resuelven por sí mismas las necesidades de toda la red de mercados.
Cuidar los mercados también es cuidar los barrios
El 4 de noviembre, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó que durante los dos primeros años de su administración se han destinado 468 millones de pesos al mejoramiento de 270 mercados públicos de la capital.
El anuncio abre una oportunidad para revisar qué inmuebles de Venustiano Carranza han recibido atención, cuáles permanecen pendientes y cómo se coordinan los recursos del Gobierno de la Ciudad con los de la alcaldía encabezada por Evelyn Parra.
La discusión no se limita a cuánto dinero se anuncia, sino a las condiciones en las que comerciantes y compradores utilizan estos espacios todos los días.
Porque conservar un mercado significa proteger empleos, negocios familiares y una forma de convivencia que sigue dando identidad a las colonias.
Los mercados de Venustiano Carranza necesitan inversiones que se reflejen en sus instalaciones y permitan que la vida de barrio continúe en condiciones seguras.