Cuando el corazón batea con fuerza, las barreras físicas desaparecen

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Con ellos hay ausencias, no se forma la ola, ni festejos en el Ángel de la Independencia, ni están en las televisoras ni con marcas comerciales. Están ausentes también, los gritos ensordecedores, la grandeza de la Selección Mexicana de Béisbol de Sordos esta en ellos mismos; les basta el lenguaje universal del silencio, de la entrega, el crujido exacto de la madera al impactar la pelota y el viento que corre veloz con cada carrera.

Impulsados por el alma de la fundación Olmeca Soy, esta novena ha demostrado que las barreras físicas se desvanecen cuando el corazón batea con fuerza, convirtiendo los entrenamientos en un templo de resiliencia y esperanza.

Y después de tanto luchar, de hacer campañas en las redes para pedir donaciones para sus boletos de avión, el destino final está trazado en Japón, en las tierras del Sol Naciente, donde del 1 al 3 de noviembre se disputará la Segunda Copa Mundial de Béisbol para Sordos.

El Zócalo capitalino fue testigo de la emotiva despedida, un instante suspendido en el tiempo donde las autoridades locales y la sociedad civil se unieron en un solo aplauso visual.

Despidieron a estos embajadores de la inclusión que ya conocen las mieles de la gloria internacional tras su histórica participación en Taipéi.

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, selló un compromiso para asegurar que la logística de su viaje se desarrolle sin contratiempos.

Esta delegación mixta nos enseña que el verdadero sonido del éxito no se escucha con los oídos, se siente en el pecho.