Para quienes viven junto a las principales vialidades de la Ciudad de México, el silencio se ha convertido en un lujo. El paso incesante de automóviles, camiones, motocicletas y transporte público, acompañado de cláxones y sirenas, transforma la vida cotidiana en una exposición permanente al ruido que interrumpe el descanso y provoca desgaste mental.
Aunque la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) recibió mil 183 denuncias por contaminación acústica durante 2025, las mediciones se concentran principalmente en fuentes fijas, como bares, restaurantes y centros nocturnos. Sin embargo, el problema también se encuentra en las calles, donde el tránsito vehicular constituye una de las principales fuentes de contaminación sonora en las ciudades, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Cuando la ciudad no deja dormir
Carlos Ramírez lleva cuatro décadas viviendo sobre avenida Oceanía. Durante ese tiempo, la llegada de la Línea B del Metro y la posterior construcción de una plaza comercial agravaron el ruido en su colonia, hasta reducir las horas de tranquilidad de su familia a menos de tres durante la madrugada.
Desde las cuatro de la mañana y hasta las 12:30 de la noche, el sonido del transporte acompaña su vida cotidiana. A los trenes se suman las cadenas y puertas del Metro, los trabajos de mantenimiento, el tránsito vehicular y los camiones y mototaxis que realizan paradas cerca de su domicilio. “Necesita uno tener demasiado cansancio para no hacer caso a este tipo de ruidos”, relató.
El habitante aseguró que la situación llega a ser estresante, incluso después de intentar aislar las ventanas de su vivienda para reducir la entrada del sonido exterior. El problema, sin embargo, rebasa las posibilidades de adaptación dentro de casa: el ruido continúa en la calle y acompaña prácticamente toda la jornada.
El costo de vivir junto a las grandes avenidas
En la calzada Ignacio Zaragoza, Luis Villa enfrenta una situación similar. Su vivienda se encuentra cerca del Hospital Regional del IMSS, donde el paso de camiones de carga pesada provoca vibraciones en el suelo, mientras los cláxones, las sirenas de ambulancias y la actividad del comercio ambulante se suman al paisaje sonoro cotidiano.
“Todo eso me hace sentir estrés; la verdad, me hace sentir mentalmente fatigado”, expresó.
La exposición prolongada al ruido del tránsito no es solamente una molestia: la Organización Mundial de la Salud advierte que puede relacionarse con alteraciones del sueño, estrés y malestar, además de efectos cardiovasculares. Para quienes habitan junto a las principales arterias de la capital, el desafío es encontrar momentos de descanso en una ciudad que parece no apagar nunca sus motores.