Una taza de café no comienza en la cafetería y el chocolate no nace envuelto en papel. Antes están la tierra, el cultivo, las manos y los conocimientos que pasan de una generación a otra. Del 11 al 20 de septiembre, una feria en Plaza Loreto invita a acercarse a esa historia a través de sabores y artesanías.
La Feria del Chocolate, Café y Artesanías reunirá durante varios días productos ligados al trabajo de comunidades y pueblos originarios. El encuentro es organizado por el Consejo Nacional de Pueblos Originarios y Comunidades Indígenas y tendrá entrada gratuita.
El cacao forma parte de la memoria alimentaria de Mesoamérica desde mucho antes de convertirse en las barras y bebidas que conocemos. El café llegó después, pero también echó raíces en distintas regiones del país y hoy es parte importante de la vida de muchas comunidades. En algunos territorios indígenas se cultiva bajo sistemas de sombra que ayudan a conservar la biodiversidad y mantienen vivos conocimientos heredados.
Por eso, visitar esta feria puede ser algo más que elegir entre café o chocolate. También es una oportunidad para preguntarnos de dónde vienen los productos que consumimos, quiénes los elaboran y qué historias viajan con ellos hasta la ciudad.
Las artesanías completan este recorrido. Cada material, técnica y diseño puede hablar de una comunidad, una región y una manera particular de entender el mundo. Mirarlas con atención, conversar con quienes las ofrecen y conocer su proceso ayuda a reconocer que no son simples objetos decorativos, sino expresiones de la enorme diversidad cultural de México.
La feria estará abierta del viernes 11 al domingo 20 de septiembre, de 11:00 a 20:00 horas, en Plaza Loreto, ubicada en Altamirano 46, Tizapán San Ángel, alcaldía Álvaro Obregón. La entrada es libre; los alimentos, bebidas y artesanías se compran directamente en los puestos.
Para llegar, las estaciones de Metrobús más cercanas son La Bombilla y Dr. Gálvez, de la Línea 1. También se puede tomar la Línea 3 del Metro hasta Miguel Ángel de Quevedo y completar el trayecto caminando o en transporte local.
El plan es sencillo: llegar con tiempo, recorrer los puestos y permitir que una taza, un aroma o una pieza hecha a mano abra la conversación. Porque detrás de algo tan cotidiano como el café y el chocolate también hay territorio, identidad y muchas historias que vale la pena conocer.