En pleno Centro de la CDMX existe una calle a la que todavía se puede llegar con una licuadora, un ventilador o una parrilla descompuesta y salir con ella funcionando. Artículo 123 se ha convertido con los años en un corredor especializado en la reparación de electrodomésticos, un oficio que prolonga la vida de aparatos y ofrece una alternativa frente a desecharlos y comprar otros.
Pero la concentración de esa actividad también transformó la calle. Aparatos en espera de reparación, piezas, refacciones y otros objetos comenzaron a extenderse fuera de algunos talleres hasta ocupar parte de las banquetas.
Esta semana, la alcaldía Cuauhtémoc intervino 500 metros de Artículo 123, entre Revillagigedo y Eje Central, donde retiró alrededor de 650 kilos de objetos y realizó labores para ordenar las banquetas.
Ahí está el sentido del reordenamiento. No se trata solamente de abrir espacio para caminar: un corredor comercial necesita que clientes, vecinos, trabajadores, proveedores y mercancías puedan entrar, salir y circular. Cuando la actividad rebasa los establecimientos y se instala sobre la vía pública, termina complicando el funcionamiento de la misma calle que le da sustento.
La regulación de la ciudad permite ciertos usos comerciales del espacio exterior, pero establece límites. Entre ellos, conservar un corredor peatonal continuo de al menos dos metros y, para la colocación autorizada de enseres, que la banqueta tenga por lo menos tres metros de ancho.
En Artículo 123 esas reglas adquieren un sentido muy concreto: ordenar no significa borrar su vocación comercial, sino permitir que siga funcionando sin que su propia actividad termine jugando en su contra.
El desafío será mantener ese equilibrio: que los talleres puedan seguir haciendo de Artículo 123 un destino para quienes prefieren reparar antes que desechar, y que clientes, trabajadores y vecinos puedan recorrer una calle que conserve aquello que la hizo distinta, pero funcione mejor para todos.