Mucho antes de que el World Trade Center cambiara el horizonte de la Nápoles, el barrio ya tenía un punto de encuentro: su alameda. El hoy Parque Alfonso Esparza Oteo nació con el trazo original de la colonia, a finales del siglo XIX, y ha acompañado buena parte de su transformación.
En 1951 recibió el nombre del compositor mexicano Alfonso Esparza Oteo. Su torre con reloj se convirtió en uno de los símbolos de la colonia y su foro al aire libre —el ágora— ha sido escenario de actividades culturales y comunitarias.
Hoy son 13,520 metros cuadrados de espacio público en una de las zonas más activas de Benito Juárez. El parque cuenta con áreas verdes, juegos infantiles, espacios deportivos y el ágora; recibe a familias, personas que hacen ejercicio, pasean a sus animales de compañía y trabajadores de los alrededores que hacen ahí una pausa durante el día.
Ahora, ese espacio vuelve a transformarse. El Esparza Oteo acumula cuatro intervenciones en los últimos 14 años, incluida la rehabilitación actual. Los trabajos comenzaron en marzo de 2025 por la cancha de basquetbol y posteriormente se extendieron a una renovación más amplia. Documentos oficiales registran 4.48 millones de pesos para pavimentación y conservación de 2,500 metros cuadrados del parque, con una población beneficiaria estimada en 4,500 personas. Durante meses, las obras han limitado el uso de diferentes áreas y en junio pasado vecinos todavía reportaban material de construcción, tierra y cascajo.
Una referencia permite dimensionar el historial de inversiones. En 2017 se destinaron cerca de ocho millones de pesos a una rehabilitación que incluyó canchas, juegos infantiles, gimnasio al aire libre, pista de tartán, foro cultural, área para mascotas, áreas verdes, fuente, luminarias y videovigilancia.
Por eso, esta cuarta intervención abre una pregunta que va más allá de cómo lucirá el parque cuando terminen las obras: ¿cuánto debe durar una rehabilitación antes de que un espacio público necesite volver a ser intervenido?
Un parque se vuelve parte de la calidad de vida cuando puede usarse todos los días. Ahí es donde una rehabilitación deja de ser obra pública y se convierte en un beneficio cotidiano.
El Esparza Oteo ha acompañado a la Nápoles mientras edificios, comercios y oficinas transformaban su entorno. La verdadera medida de esta rehabilitación será que sus más de 13 mil metros cuadrados vuelvan a la vida cotidiana del barrio y permanezcan ahí, en buenas condiciones, por mucho tiempo.