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Entre monedas y códigos QR: la CDMX que paga a dos velocidades

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Entre monedas y códigos QR: la CDMX que paga a dos velocidades

Side view of young businessman with CCTV camera head on concrete wall background with copy space for your text. Monitoring concept

A las ocho de la mañana, la fila de una cafetería de barrio se parte en dos sin que nadie lo ordene. De un lado, quien busca monedas para completar el desayuno; del otro, quien acerca el teléfono a una terminal y espera un sonido breve. La persona detrás del mostrador alterna entre una caja de plástico, una aplicación bancaria y un lector conectado por datos móviles. El pago dura segundos, pero detrás de esos segundos hay comisiones, señal de internet, cuentas bancarias, hábitos familiares y una pregunta que se repite en miles de negocios: ¿qué forma de cobrar permite vender sin dejar a nadie fuera?

La Ciudad de México no abandonó el efectivo; aprendió a superponerlo con tarjetas, transferencias y códigos QR. Esa convivencia se ve en puestos de comida, estéticas, farmacias, mercados, taxis y tiendas de esquina. La modernización no llega como una línea recta. Avanza por capas: primero una cuenta personal, luego una transferencia anotada en una libreta, después una terminal portátil y, en algunos casos, una tienda en línea. A pocos metros, otro negocio conserva exclusivamente billetes y monedas porque la comisión pesa, la conexión falla o la clientela así lo pide.

El efectivo sigue mandando, aunque perdió terreno

Los resultados de los Censos Económicos 2024 del INEGI muestran con claridad esa transición incompleta. En 2023, 87.8% de las unidades económicas de la Ciudad de México reportó aceptar efectivo para sus ventas. Cinco años antes, en 2018, la proporción era de 91.8%. El descenso es visible, pero no convierte al dinero físico en una rareza: continúa siendo el medio más extendido.

Al mismo tiempo, las transferencias electrónicas pasaron de ser utilizadas por 12.4% de los establecimientos en 2018 a 23.4% en 2023. Las tarjetas de crédito o débito crecieron de 14.1% a 22.5% en el mismo periodo. Los porcentajes no suman cien porque un mismo negocio puede aceptar varias formas de pago. Esa es precisamente la fotografía de la ciudad: no una sustitución, sino un mostrador donde conviven tres sistemas.

La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 añade la perspectiva de quien compra. Para adquisiciones de más de 500 pesos en la región Ciudad de México, 55.2% de la población dijo usar efectivo con mayor frecuencia; 35.5% eligió tarjeta de débito o crédito y 9.4% transferencia electrónica o aplicación móvil. La capital es más digital que otras regiones del país, pero incluso en compras relativamente grandes el billete conserva la mayoría.

Una terminal no es sólo un aparato

Desde la banqueta, aceptar tarjeta parece tan sencillo como colocar un lector junto a la caja. Para un micronegocio, la decisión incluye el costo del dispositivo, la comisión por operación, el tiempo de depósito, la posibilidad de contracargos, la disponibilidad de datos y la obligación de ordenar ingresos que antes podían mezclarse con el gasto doméstico. También exige confianza: confiar en que la aplicación funcionará, en que el dinero llegará y en que el cliente no confundirá una pantalla lenta con un cobro duplicado.

Para quien compra, el cálculo es distinto. La tarjeta permite posponer el pago o acumular beneficios; la transferencia evita cargar efectivo; el QR puede resolver una compra cuando no hay cambio. Pero ninguno de esos medios es universal. Un teléfono sin batería, una cuenta bloqueada o una señal saturada devuelven a la persona a la moneda que parecía prescindible. En una ciudad donde el comercio cotidiano ocurre dentro y fuera de locales formales, la redundancia funciona como una infraestructura de emergencia.

Los datos nacionales de Banco de México ayudan a dimensionar la escala del cambio. El 15 de octubre de 2026, el sistema reportó 42.3 millones de operaciones nacionales con tarjeta en terminal punto de venta, por un importe cercano a 22 mil millones de pesos. Cerca de 30.1 millones fueron operaciones con débito y 12.2 millones con crédito. La cifra describe un ecosistema gigantesco, pero no dice que cada comercio tenga acceso equivalente a él.

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La brecha más visible está en los negocios pequeños

La digitalización comercial tampoco significa vender por internet. El panorama económico del INEGI para la capital indica que sólo 7.4% de las unidades económicas realizó compras en línea y 6.7% efectuó ventas por esa vía en 2023. Entre los micronegocios de hasta diez personas, las proporciones fueron todavía menores: 5.4% compró y 5.1% vendió en internet.

El contraste con las empresas de mayor tamaño es fuerte. Entre las unidades pequeñas, de 11 a 50 personas, 35.3% hizo compras en línea y 28.3% ventas; entre las medianas, las cifras subieron a 45.9% y 34.6%. El tamaño no sólo determina cuántas personas atienden un establecimiento. También define cuánto puede invertir en software, capacitación, publicidad digital, protección de datos y atención de reclamaciones.

Eso no significa que el comercio de barrio esté desconectado. El mismo censo registró 115 mil 137 unidades económicas capitalinas que utilizaron alguna tecnología digital. Dentro de ese grupo, 85.6% empleó buscadores, 57% repositorios y 45.7% tiendas en línea. La tecnología entra muchas veces por herramientas gratuitas o de bajo costo: un catálogo enviado por mensajería, una ubicación en el mapa, una hoja compartida o una cuenta bancaria personal que recibe transferencias.

La ciudad aprende nuevos rituales

En la vida diaria, cada medio de pago produce su propio ritual. El efectivo exige cambio y una caja segura; la tarjeta pide insertar, acercar o teclear un NIP; la transferencia necesita comprobar nombre, monto y folio. En los mostradores aparecen letreros hechos a mano: “sí aceptamos transferencia”, “pago con tarjeta a partir de…”, “manda captura”. Son pequeñas interfaces urbanas, diseñadas sin manual para reducir fricciones.

También cambian las relaciones de confianza. El cliente habitual que antes recibía fiado puede ahora transferir por la noche. La persona que vende debe aprender a distinguir una captura falsa de un depósito real. La familia que administra un negocio reparte tareas: alguien atiende, alguien revisa la aplicación, alguien concilia al final del día. Digitalizar un cobro no elimina el trabajo; lo desplaza hacia una pantalla y añade una nueva forma de vigilancia contable.

La discusión pública suele plantear una falsa elección entre modernidad y atraso. En la práctica, el efectivo protege a quienes no tienen cuenta, teléfono o conectividad estable; los pagos digitales ofrecen trazabilidad, comodidad y nuevas posibilidades de venta. El problema aparece cuando cualquiera de los dos sistemas se vuelve obligatorio sin considerar las condiciones concretas del comercio pequeño y de su clientela.

Una transición que se negocia compra por compra

Al mediodía, la cafetería de la primera escena ya no tiene fila. En la caja quedan billetes pequeños, recibos de terminal y una lista de transferencias. Ningún método ganó la mañana. La operación funcionó porque pudo cambiar de uno a otro según la persona que llegaba.

La CDMX que paga con el teléfono no sustituyó a la ciudad que cuenta monedas; se construyó encima de ella. Durante los próximos años, las terminales serán más comunes y las transferencias más rápidas, pero la transición seguirá dependiendo de costos accesibles, conectividad confiable, educación financiera y reglas que no conviertan la inclusión digital en una nueva barrera. La verdadera modernización no consiste en borrar el efectivo, sino en ampliar las opciones sin expulsar a quien compra o vende desde el margen.

Crédito de imagen: terminal de pago en comercio; Anselm Schüler, Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0. Excepción visual: fotografía documental de la actividad, no tomada en un negocio específico de la CDMX.

Fuentes: INEGI, ENIF 2024; INEGI, Censos Económicos 2024 — CDMX; INEGI, Panorama Económico de la Ciudad de México; Banco de México, operaciones nacionales con tarjetas.

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Redacción CDMX Al Día

Equipo editorial de CDMX Al Día, medio digital especializado en noticias, actualidad, cultura, movilidad, servicios y acontecimientos de la Ciudad de México y sus 16 alcaldías.

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