156 perros vuelven al Refugio Franciscano, pero siguen bajo custodia del gobierno: ¿qué cambia ahora?
Después de nueve meses fuera y más de 40 mesas de trabajo, 156 perros regresaron el 13 de septiembre al Refugio Franciscano, en Cuajimalpa. Sin embargo, el traslado no significa que el gobierno de la Ciudad de México haya cedido la custodia de los animales.
El regreso se concretó tras la firma de un acuerdo reparatorio ante la Fiscalía, con participación de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT). De acuerdo con la información oficial, las instalaciones acreditaron mejoras y cuentan con capacidad inicial para albergar hasta 190 perros.
La nueva etapa plantea así un modelo híbrido: los animales regresan físicamente al refugio, pero permanecen bajo custodia gubernamental. El resto continúa distribuido en distintos albergues de la capital, por lo que la devolución todavía es parcial.
El refugio volverá a abrir sus puertas
El siguiente paso será el 20 de septiembre, cuando está previsto que el Refugio Franciscano vuelva a abrir al público y se reanude el proceso de adopción.
El programa será coordinado entre el refugio y el Gobierno de la Ciudad de México e incluirá evaluación de los posibles adoptantes, registro y seguimiento posterior de los animales.
Además, continuarán las mesas de trabajo para dar seguimiento a las condiciones establecidas en el acuerdo y al funcionamiento del inmueble.
Lo que todavía falta conocer
Aunque el regreso de los 156 perros representa un cambio respecto a la estrategia que se había mantenido desde enero, aún quedan preguntas sobre cómo se garantizará su bienestar a largo plazo.
No se ha hecho público de manera íntegra el acuerdo reparatorio ni sus anexos. Tampoco se conoce un inventario actualizado que permita saber cuántos animales fueron retirados, adoptados, hospitalizados, fallecieron, regresaron al refugio o permanecen en otros albergues.
También falta precisar qué significa jurídicamente que el gobierno conserve la custodia, quién realizará las inspecciones, con qué frecuencia y qué consecuencias habría ante un incumplimiento.
Por ahora, los perros están de vuelta, pero el conflicto no ha terminado. Queda por demostrar que las condiciones pactadas se mantengan y que la reapertura del refugio marque el inicio de una solución sostenible, no sólo el cierre de una disputa.

