El Cutzamala respira: las lluvias devuelven agua a la Ciudad de México
Después de años en los que la sequía puso al límite las reservas, las lluvias de las últimas semanas cambiaron el panorama. El Sistema Cutzamala alcanza 81% de su capacidad, un nivel que representa un respiro para el abastecimiento de agua de millones de habitantes de la Ciudad de México, su zona metropolitana y municipios del Estado de México.
¿Qué significa realmente tener al Cutzamala al 81%? Son alrededor de 634 millones de metros cúbicos de agua. Para dimensionarlo, ese volumen equivaldría, de manera aproximada, a 200 veces el volumen geométrico del Estadio Azteca. Es decir, si pudiéramos convertir al estadio en un enorme recipiente, habría que llenarlo unas 200 veces para contener toda el agua que hoy guardan las principales presas del sistema.
La recuperación se refleja especialmente en sus principales presas. Valle de Bravo supera 86% de almacenamiento, mientras Villa Victoria ronda 78%. En conjunto, los niveles registrados muestran una recuperación importante frente a los momentos más críticos de los últimos años, cuando la escasez obligó a reducir el suministro en distintos puntos de la región.
Todavía queda espacio para que el agua siga llegando. Las lluvias previstas para septiembre podrían elevar aún más las reservas y acercarlas a los niveles esperados para el cierre del año. El panorama, sin embargo, no significa que el problema del agua haya desaparecido: las autoridades mantienen vigilancia sobre la infraestructura y los niveles de los embalses para enfrentar tanto la escasez como los posibles efectos de precipitaciones intensas.
El sistema mantiene un buen paso para llegar al tope el próximo 31 de octubre, fecha en que culminan las precipitaciones en su zona de influencia, por lo que se espera que alcance un 98% de llenado, muy similar al de 2025, cuando alcanzó 97.4%.
El Cutzamala vuelve a tener margen, pero el agua recuperada no es una invitación al desperdicio. Cada porcentaje que ganan las presas representa meses de abastecimiento que habrá que cuidar. Después de la sequía, las lluvias abrieron una ventana de alivio; mantenerla abierta dependerá también de cómo se use el agua que hoy vuelve a llenar los reservorios.

