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Ricochet Apéro: el restaurante de CDMX que quiere que guardes el celular

En la Ciudad de México parece existir una regla no escrita: si abre un restaurante nuevo, primero se graba y después se come. La fachada, la mesa, el plato que llega y hasta el primer bocado terminan frente a la cámara.

Pero en Ricochet Apero la idea va justamente en dirección contraria.

Este nuevo espacio sobre Avenida Chapultepec está pensado para comer, quedarse y olvidarse un poco del reloj. Su creador, el chef Robert Craig, propone recuperar algo que parecía completamente normal antes de que cada salida se convirtiera en contenido: estar presente. Incluso, el equipo invita a evitar sacar el celular constantemente para grabar y así no interrumpir la experiencia. (Time Out Ciudad de México)

Y el espacio ayuda a conseguirlo.

Ricochet está inspirado en la Riviera europea de los años setenta, con una atmósfera relajada que busca sentirse más como unas vacaciones improvisadas que como una cena demasiado formal. La música también forma parte del concepto, con sonidos que recuerdan al italodisco y acompañan ese cambio casi imperceptible entre comida, sobremesa y noche.

La propuesta funciona como un all-day café y restaurante, con una cocina de influencia mediterránea centrada principalmente en vegetales, mariscos y platos pensados para compartir. La intención parece bastante clara: que pedir algo más al centro se convierta en una excusa para seguir un rato en la mesa.

En una ciudad obsesionada con encontrar el siguiente lugar viral, este restaurante propone algo casi contradictorio: venir a un lugar bonito y resistir las ganas de documentarlo todo. Hablar, comer, escuchar la música y dejar que pasen las horas sin pensar demasiado en cuál será la siguiente parada.

Ahí está el verdadero plan.

Ricochet se encuentra en Av. Chapultepec 488, Roma Norte, alcaldía Cuauhtémoc, CDMX. Los sábados abre hasta las 23:00 horas y los domingos hasta las 18:00, por lo que puede funcionar tanto para empezar el día como para convertir una comida en una tarde completa.

Porque quizá el lujo más raro de una ciudad donde todo pasa tan rápido ya no sea conseguir mesa en el restaurante nuevo.

Es sentarte en ella y olvidarte, por un rato, de sacar el celular

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