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Alcaldías Álvaro Obregón

Barrancas ÁO: de limpiar un problema a gobernar el territorio

Hay problemas urbanos que sobreviven administración tras administración no porque sean invisibles, sino porque parecen demasiado grandes para resolverse.

Durante años, las barrancas de Álvaro Obregón pertenecieron, en buena medida, a esa categoría.

Basura, cascajo, descargas, crecimiento urbano y una geografía particularmente compleja convirtieron estos espacios en un problema que podía atenderse periódicamente, pero difícilmente gobernarse de manera integral.

La actual administración decidió cambiar esa lógica.

Desde abril de 2025, la Alcaldía Álvaro Obregón detonó Barrancas ÁO: Restauración de su Grandeza, una estrategia que comenzó con el retiro intensivo de residuos y gradualmente ha incorporado recuperación ambiental, prevención de riesgos y vigilancia del territorio.

Para enero de 2026, la alcaldía reportaba más de 4 mil 660 toneladas de residuos retirados y 12 barrancas intervenidas. Meses después informó que la estrategia había alcanzado 161 hectáreas de ecosistemas recuperados.

Pero las cifras cuentan sólo una parte de la historia.

De limpiar barrancas a gobernarlas

Las barrancas no son espacios vacíos entre zonas urbanizadas. Infiltran agua, regulan escurrimientos, albergan biodiversidad y funcionan como infraestructura natural frente a fenómenos meteorológicos.

Su complejidad está en la propia geografía y en una ciudad que creció alrededor de ellas. La nueva lógica parte de asumir esa condición: no se trata de corregir el territorio, sino de aprender a gestionarlo como parte de la ciudad, protegiendo sus cauces frente a la presión urbana, los residuos y los riesgos asociados a las lluvias.

Por eso recuperar una barranca no es solamente una acción ambiental. Es también una forma de gestionar el agua, prevenir riesgos y gobernar un territorio particularmente complejo.

Y ahí cambia la dimensión de la estrategia.

De pasivo urbano a infraestructura ambiental

Una barranca puede verse como un espacio difícil de controlar. O como infraestructura natural que infiltra agua, regula escurrimientos y protege a la ciudad. Cambiar esa mirada significa convertir un problema heredado en un activo ambiental.

La estrategia obtuvo una primera validación: en 2026, Barrancas ÁO fue finalista de los LATAM Smart City Awards, en la categoría de Desarrollo Urbano Sostenible y Movilidad. Pero el desafío comienza después de la recuperación.

Mantener estos espacios exige evitar que vuelvan a recibir residuos y demostrar que el ecosistema recuperó sus funciones ambientales.

Una intervención extraordinaria puede limpiar una barranca. Una política pública tiene que ser capaz de mantenerla recuperada.

Ahí se definirá si Barrancas ÁO fue una gran operación de recuperación o si logró algo más difícil: construir un modelo permanente para gobernar uno de los territorios más complejos de la ciudad.

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