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La gasolinera que fue sede olímpica y otros rastros de México 68 que ves sin saberlo

México 68 no solamente permanece en las fotografías o en el Estadio Olímpico Universitario. También está escondido entre el tránsito de Periférico, cerca de las trajineras de Cuemanco, bajo el mural de un teatro y hasta en una gasolinera de la colonia Nonoalco. Son lugares por los que miles de personas pasan sin imaginar que ahí compitieron algunos de los mejores atletas del mundo. Recorrerlos permite descubrir que la historia olímpica de la CDMX sigue a plena vista; sólo hace falta saber dónde mirar.

Estadio Olímpico Universitario: el lugar que todos reconocemos

CU es la sede más evidente, pero todavía guarda detalles poco conocidos. El Estadio Olímpico recibió las ceremonias de apertura y clausura, las pruebas de atletismo y momentos como la protesta de Tommie Smith y John Carlos contra el racismo. Además del pebetero y el mural inconcluso de Diego Rivera, conserva 42 túneles construidos sobre el terreno volcánico. La próxima vez que vayas a un partido de los Pumas, piensa que no estás entrando únicamente a un estadio: estás caminando por uno de los principales escenarios de la historia deportiva y política del siglo XX.

Las esculturas que acompañaban a las delegaciones rumbo a la Villa Olímpica.

Esas enormes figuras de colores que aparecen entre incorporaciones, puentes y carriles de Periférico no fueron colocadas al azar. Formaban la Ruta de la Amistad, un corredor de 17 kilómetros creado para la Olimpiada Cultural, con 19 esculturas realizadas por artistas de 17 países. El recorrido conectaba puntos como Ciudad Universitaria, la Villa Olímpica, el Estadio Azteca y la pista de canotaje de Cuemanco, por lo que atletas, visitantes y habitantes podían observar las obras desde los vehículos.

Con los años, el crecimiento de la ciudad dejó algunas esculturas ocultas entre anuncios, construcciones y distribuidores viales; otras tuvieron que ser reubicadas para protegerlas. Aun así, todas las piezas originales sobreviven. Seguramente has pasado junto a alguna sin saber que pertenecía a una galería monumental al aire libre creada para recibir al mundo en 1968.

Pista Virgilio Uribe: el canal olímpico escondido en Cuemanco

Cuemanco suele relacionarse con trajineras, viveros y paseos de fin de semana, pero ahí también permanece la Pista Olímpica de Remo y Canotaje Virgilio Uribe. En sus aguas se disputaron las competencias de remo y canotaje de México 68, y actualmente continúa utilizándose para entrenamientos y actividades deportivas. No tiene gradas monumentales ni una fachada que anuncie su pasado; parece integrarse naturalmente con los canales de Xochimilco. Quizá por eso es una de las sedes olímpicas menos reconocidas de la ciudad, aunque conserva prácticamente la misma función para la que fue construida. INAH.

Del Teatro de los Insurgentes a una gasolinera: las sedes irreconocibles

Uno de los datos más curiosos de México 68 se encuentra en el Teatro de los Insurgentes. Debajo del gran mural de Diego Rivera no sólo se han presentado obras y musicales: en 1968 el recinto fue adaptado para recibir las competencias olímpicas de levantamiento de pesas. Mucho menos queda de la Pista de Hielo Revolución, donde se jugaron partidos de voleibol. El edificio desapareció y en su lugar, en la esquina de avenida Revolución y Rembrandt, actualmente existe una gasolinera. Otra pista de hielo ubicada en Insurgentes recibió las pruebas de lucha y posteriormente fue sustituida por Plaza Inn. Son ejemplos de cómo una sede olímpica puede seguir funcionando, transformarse por completo o borrarse del paisaje sin que desaparezca su historia.

Una buena manera de redescubrir esta parte de la CDMX es comenzar en el Estadio Olímpico, seguir las esculturas de Periférico hasta la Villa Olímpica y terminar en Cuemanco. Otro día puedes buscar el Teatro de los Insurgentes y la antigua esquina olímpica de Revolución. El recorrido también exige recordar el contexto: los Juegos comenzaron apenas diez días después de la represión del 2 de octubre en Tlatelolco. México 68 dejó hazañas deportivas y edificios, pero también contradicciones. Conocer sus sedes no es solamente hacer turismo: es aprender a leer una ciudad que guarda su memoria incluso en los lugares más cotidianos.

 

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